viernes, 17 de abril de 2009


Me he despertado con dolor de cabeza, he soñado demasiado, siempre me pasa lo mismo. Alguien me preguntaba que era lo más triste que recordaba, yo me quedaba callada y miraba hacia abajo, no se por qué hacia abajo, no había nada, no veía nada en realidad, sólo algo sin color y me acordaba en ese momento de que una vez leí en algún libro de Borges, hablando de terceros, que la mayoría de nuestros sueños son en blanco y negro. El caso es que la voz volvía y me preguntaba. ¿Qué es lo más triste que recuerdas? Y pensaba en voz alta que lo más triste que recuerdo es todo ese tiempo durante el cual no había nada que tapase la tristeza. Quiero decir que la tristeza es algo constante. Para mi las canciones no tapan la tristeza, me ayudan a sumergirme en ella, sin embargo Loriga dice que igual que el ruido tapa el silencio, las canciones tapan la tristeza y cuando las canciones se acaban vuelve la tristeza. La estupidez de los domingos, eso sí, pero yo no quiero decir que crea que los Domingos sean estúpidos, sino que los tópicos sobre los Domingos lo son. Ir sentada en el autobús, ya sea de noche o de día, pero de día más porque ver a las personas a través de los ventanales me deprime. Dejar de sentirse maravilloso para sentirse normal. Levantarse de noche para ir a una habitación rodeada de gente y sentir que quieres irte. No beber, no tomar nada, estar como al principio. Cuando desaparece la sensación de ser otra persona que se te queda al salir del cine. La desgracia o la suerte de los que te rodean, cualquier noticia de los que te rodean en realidad. Tratar de dormir sola, los trenes de cercanías, que nada se parezca a algo que has leído. Lo peor es la tristeza…y lo mejor también... Entonces he abierto los ojos, literalmente, y he pensado en ti, en los libros, en héroes, y he ido corriendo a la estantería para ver si estabas, y satisfecha al comprobarlo, me he vuelto a dormir.

(Loriga y yo nos hemos fusionado hoy)