martes, 30 de junio de 2009

_________________________________________________miércoles 24 de junio de 2009, Madrid.

Hoy también, querido desconocido, te escribiré en hojas diminutas en una ciudad que no es la mía y ya no querré esperar a que decidas llamar. Beberé en un salón francés con paredes de color rojo que encontraré deambulando por alguna calle de un barrio cuyo nombre preferiré recordar con la letra de aquella canción de aquel grupo que nunca te terminó de gustar. Me sentaré en alguna mesa pequeña de color marfil y beberé ron blanco en vasos de cristal con hielo. Hablaré de planear las próximas horas, y quizá los próximos días, anotando todo junto a la chica de pelo corto y falda azul que está sentada enfrente mio. Miraré los cuadros de mi alrededor y empezaré a dibujar sin saber hacerlo porque la luz ya no invitará a fotografiar. Me emborracharé poco a poco y pensaré que quizá ha cambiado todo pero no querré atormentarme más. Cuando el Café esté lleno por gente distinta a la que vimos al entrar decidiremos que es hora de marcharse. No miraré el reloj y caminaré junto a la chica de pelo corto, que tendrá unos diecinueve años y no parará de hablar.
Hoy también, querido desconocido, conscientes de nuestro presupuesto, la chica de pelo corto y yo nos iremos a algún bar, esta vez mucho más decadente y lleno de vegestorios que nos mirarán mal. Pediremos ese líquido hecho a base de cebada o trigo y mi cabeza ya no estará donde tiene que estar. Haremos alguna llamada y recibiremos otras tantas y un hombre con camisa a cuadros nos recogerá. Nos llevará a un sitio con luces color violeta, la ropa brillará. Mi estado de embriaguez aumentará y discutiré con algún chico que también llevará camisa a cuadros pero que no será el mismo que vino al anterior bar. Le miraré y pensaré y no sabré si es por la cantidad de alcohol que he ingerido o porque no dejará de llevarme la contraria provocandome cada vez más. Dirá que lleva en su bolsillo ochenta gigas de música y que en ninguno hay canciones de Bob Dylan y yo gritaré sin entenderlo y aún así seguiremos discutiendo y eso me gustará. Será la última, esta vez sí, porque el metro ya no pasará más y al día siguiente tendremos que madrugar.
Y mañana, maldito desconocido, despertaré y todo volverá a ser como tiene que ser: tú, el iluminado, el implacable. Y yo, la que pensará.

(foto raúl)

viernes, 19 de junio de 2009

Me encanta despertarme pensando que llevo cientos de horas durmiendo, mirar el reloj y que marque las nueve y treinta y siete, estar descansada y saber que tienes toda la mañana para poder desperezarte mientras escuchas el cd que te compraste la tarde anterior en la fnac por nueve con noventa y cinco y que no podías creer cuando lo viste porque era una recopilación de Bob Dylan que incluía tres cd's y unas fotos preciosas, y a pesar de que nunca has sido muy partidaria y le has hecho ascos a lo largo de tu vida a las recopilaciones te lo compras porque no puedes girar la cabeza y mirar hacia otro lado ya que te lo han puesto al lado de la caja donde has estado haciendo una cola de al menos diez minutos para pagar el libro de Vila-Matas tan genial que Álvaro te ha descubierto esa misma mañana, los nueve cuentos de Salinger porque te compraste a Franny y a Zooey pero no ése y más tarde te arrepentiste y por eso ahora lo llevas debajo del brazo mientras haces la cola, repito, de los diez minutos, que visto así no parecen muchos minutos para una cola pero que aseguras que sí lo son porque la gente no tiene noción del tiempo y diez minutos son muchísimos minutos. Así que te levantas de la cama, vas al baño, te lavas la cara y bajas las escaleras descalza mientras te miras los pies y piensas que quieres grabarte algún día haciendo eso porque los pies quedan realmente bonitos chocando contra el parquet hacia esa dirección. Le abres la puerta a los nenes-perros pero éstos deciden que no quieren salir al jardín y que se van a quedar contigo mientras te preparas el desayuno, que en realidad no te preparas porque comes un trozo de Brownie que cocinaste hace dos días y que se te quemó y nadie se ha comido aún, pero no sabes si no se lo han comido porque se quemó. Abres la nevera y no hay leche fría y si no hay leche fría no puedes beber leche así que bebes agua. Sales a la terraza y está tan nublado que piensas que el sol hoy no saldrá pero que a ti te da igual porque es un día maravilloso. Terminas el desayuno y vas por las escaleras, esta vez subiendo, para llegar a la habitación naranja y poner el primer cd de la recopilación, te vuelves a tumbar en la cama con la voz de Dylan y crees que ese momento va a ser el mejor del día y te quedas hasta que el cd termine con la canción número diecinueve pero antes de que esto pase las lagrimas te han saltado con It's all over now, baby blue y ha sido precioso. Después de esto decides guardar los otros dos cd's para otras dos mañanas y enciendes el portátil para transcribir del papel al blog alguna tontería sobre los últimos días, pero decides hacerlo rápido y no te da tiempo a escribir casi nada porque ya son las once y veintiséis y has de ducharte, vestirte y coger el autobús para ir a casa de tu abue que has quedado con ella a comer y apuntarte algunas recetas secretas, darle muchos besos porque hace tiempo que no la ves y es una de las personas más importantes de tu vida. Así que seleccionas esto de todo lo que tienes:

Parece que no va a hacerse de noche nunca. Han pasado nueve días aproximadamente y no sé por donde empezar, así que vomitaré desordenadamente. Tengo hojas manchadas recicladas, de una libreta muy pequeña con gusanillo gris metal y tapa marrón, aunque en realidad sería más correcto pluralizar la tapa y así convertirla en dos, la libreta me la regaló Raúl hace poco, un día que estábamos subiendo por las escaleras.
El Viernes pasado se llamaba Doce y terminé los exámenes. Asistí a la cena de clase y luego a la fiesta de la escuela. Como estoy algo perezosa optaré por saltarme varias líneas hasta que te encuentre. No sé si las llamadas a las once llegaron a tiempo, en realidad habría que convertirse al singular porque sólo fue una la llamada, pero yo al menos quiero pensar eso (genial Andrea, has elegido el peor día de tu torpe coordinación para transcribir).


Los silencios no me asustan, a veces me inquietan pero me has enseñado a controlarlos tanto que ya forman parte de los dos. Intento interpretarte de muchas formas y luego sólo de una, prefiero hacerlo así, aunque luego me termine equivocando. Me gusta tanto despertarme con el olor a sal y tu brazo rozando, tanto o casi tanto como cuando me despertaba en la playa, tú ya sabes a qué playa me refiero y que esa playa en realidad no existe y por tanto ni siquiera es una playa. Quizá el primer sentimiento que tuve fué de tristeza, pero porque no me encontraba, ni te encontraba a ti. También me atormentaba un pensamiento de decepción y frustración que iba ligado al resentimiento de que todo lo habías estropeado (aunque no es verdad y sólo lo pensé por un momento). El Lunes me desperté contenta, como hacía tiempo que no me despertaba. La medusa y los pies hundidos en arena me ayudaron. El retiro espiritual también, y el volver a verte desayunar, eso lo que más (...)
Tu silencio es tan fulminante, tanto, que no me quiero separar de él en muchos años. No, al menos, hasta que me decida a fenecer en Tokio y entonces sepas que aprendí a volar.

martes, 9 de junio de 2009




(auto_retratos)

Anoche volví a ver esa película tan extraña, o quizá la palabra no sea extraña y sea conmovedora, donde sale Lubaszenko interpretando el papel de Tomek, éste me hace pensar mucho y tanto que me asusta. Me he levantado de la cama negándome rotundamente, con la cabeza incluida, a que todo concluya así. Los papeles están invertidos aunque si la vieras, seguramente, tú pensarías que no lo están o que ni siquiera podríamos ser candidatos al reparto del guión. La semana pasada veía el agua caer muy rápido y hoy se está evaporando (a veces ni yo misma sé si me quiero dar a entender). Debería haber empezado antes los retratos para el trabajo de expresión plástica pero a veces me puede más la apatía y el arte ajeno realizado.Hoy es martes, ¿por qué ahora tengo la manía de contar los días y nombrarlos en voz alta? antes quizá también lo hacía alguna vez pero sólo para saber que no estaba muda. Dicen que ahora duermen poco y se acuestan tarde. Dicen que es la semana más estresante. La gente siempre hace todo lo que no debe durante el curso y después necesita tiempo que desaprovecharía igualmente. Cuando digo la gente en realidad me refiero a mí y cuando digo desaprovecharía no sé si estoy mintiendo. No quiero recordar nada pero los desconocidos no me dejan olvidar, hoy en el tranvía. Y en cada cruce supongo. Lo que no consigo recordar es el final de aquel libro, decía algo sobre que fallecía justo cuando disponía a suicidarse, pero nada más. Últimamente no sé qué pasa que por las mañanas hay mucha luz y cuando llego a casa el cielo es gris. Debería irme a Tokio, erosionar la memoria y tomar analgesia infinita, aunque seguramente me olvidaría de todo menos de ti. En realidad no debería erosionar la memoria ni tomar analgesia, bueno quizá el doble de analgesia sí, pero sólo para sobrevivir. Irme a Tokio, eso seguro, y quedarme. Me convertiría en el superhombre del que habla Nietzsche (como Nothomb cuando sube al monte Fuji) y te esperaría en el Kinkaku-ji (que cuando está nevado debe ser precioso) aunque tú ya sabes que te esperaría en cualquier parte.

sábado, 6 de junio de 2009


Me gustaría entender la contradicción del propio ser. La lucha interna del ayer y del hoy por la mañana. Los dolores de cabeza y el mecanismo de los patos de hojalata.







fotos en mi cama, donde paso la mayor parte del tiempo. 
Hechas por Raúl.

Viernes 5 de Junio de 2009

Empezaré por el final:
Bajé del coche, cualquiera diría que era muy temprano pero, para no haber dormido aún, era todo lo contrario. Me sentí en otra parte, me dejé ver como quien deja entornada la puerta de su habitación arriesgandose a que otros espíen por ella más de la cuenta. Cogí un libro, escrito por Saramago, recuerdo que me llamó la atención, no sé muy bien por qué. Pasamos por una horchatería a la que iba de pequeña muchas veces, lo comenté en voz alta y sonreí en voz baja. Viajaron por mi cabeza un montón de escenas con mi madre, y también con mi padre. Veníamos de aquel local donde hacían proyecciones de videoarte y tomamos cerveza, ahí ya había perdido la cuenta, no me preocupaba, en realidad no me preocupaba nada en ese momento, la tasa de alcohol en sangre debía de ser ya considerable y teniendo en cuenta que hacía tanto que no salía de mi cama era obvio que me afectara más de lo normal. Antes habíamos estado en la calle baja, recuerdo el sitio de luces rojas y azules, pensaba continuamente que no me favorecían nada pero terminé por acostumbrarme. Nos dieron una bebida con sabor a melón, cortesía de la casa, a mi no me gusta el melón, aunque sí el melón de chicle, y no me disgustó del todo a pesar de que probablemente era zumo natural. Estábamos hablando cuando entró un chico con una camiseta blanca y se sentó, le reconocí enseguida, era Alberto, me levanté, él también, y hablamos un poco, me puse muy contenta de verle aunque no sé si se lo dije o sólo lo pensé.
Habíamos cenado en un sitio muy agradable, tomamos queso brie con mermelada de violetas, queso de cabra con cebollita caramelizada, tomate con especias y una ensalada. La verdad es que yo no tenía mucho apetito pero terminé por comer de todo porque estaba buenísimo. Bebimos vino tinto, la camarera nos dijo que era fuerte al paladar pero que entraba muy suave. Lo probamos y tenía toda la razón. La conversación fluía mucho, tanto que nos fuimos de ahí tardísimo. Eso siempre me ha gustado, me refiero a las conversaciones infinitas. Llegamos a las diez de la noche, en cuanto nos sentamos un hombre simpático, aunque algo repetitivo, vendía ratoncitos, ranas y patos de hojalata. Me enamoré del pato y se quedó con nosotros, el hombre no, el pato. Ahora está en mi habitación, es de colores y me mira. Hablamos de los viajes de verano, Álex se va a Nueva York en agosto y yo le dije que me iba a Bratislava y a Vienna a finales de Junio y que en agosto Raúl y yo seguramente haríamos un viaje. Yo había mirado Noruega, porque ahora es barato ir desde Alicante y de Valencia a Alicante no cuesta mucho ir así que merece la pena, siempre he querido ir por un libro de Roal Dahl que leía de pequeña asiduamente y porque así seguiré esperando pero lo haré más cerca del círculo polar ártico. Antes de que el autobús me dejara en Ángel Guimerá, donde había quedado con Álex, Raúl y yo estuvimos en mi casa haciendo fotos para un trabajo, también hice una tarta de capa de galleta capa de chocolate capa de galleta capa de chocolate que nos comimos algo más tarde de las siete.
Veníamos del último día de clase, la semana que viene terminamos los exámenes y el Viernes será la fiesta de mi escuela. Un salto en el tiempo no me vendría mal.

lunes, 1 de junio de 2009

Me he quedado en casa para hacer trabajos de clase, luego me he duchado y me he puesto la camisa que tiene un cuello realmente precioso.


Me he hecho algunas fotos, todas iguales en realidad como se ve, he escrito y leído. Hoy realmente creo que es un día en el que no me apetece hacer mucho más.




También he metido los cuentos de Beatrix Potter en la maletita que me compré ayer, que ya está limpia y seca, supongo que podría batir el record en colección de maletas, cajas y cestas pero es que son tan bonitas todas.

A pesar de que no me quiera mover más supongo que esta tarde iré a buscar unas cosas para hacerme una libreta bonita y así escribir de una vez todo en la misma.

Domingo 31 de mayo de 2009
A las nueve y siete aproximadamente pasaba el tren, bueno en realidad era el metro. Llegué un poco antes así que me puse a leer y me miré los pies dándome cuenta de que llevaba las zapatillas sucísimas, cosa que de normal no me disgusta aunque siempre depende del calzado.


Bajé en Aragón para ir al rastro. A las diez había quedado con raúl en la puerta, fué bastante puntual a pesar de haberse acostado tarde la noche anterior.








Estuvimos dando vueltas como de costumbre y terminamos comprando cosas muy bonitas. Más tarde fuimos al centro porque teníamos muchas ganas de tomar bolitas chinas de setenta céntimos aunque al final compramos otras porque no había. Nos sentamos en un banco a degustar las incógnitas chinas y sólo me gustó una:


la otra tenía un aspecto rarísimo y no olía a nada, cuando te lo metías en la boca parecía que tenías una masa chiclosa con comida de gato en su interior, aunque si me hubieran dicho que era comida nipona seguro que lo hubiera aceptado con mucho gusto ¡ja!



Fuimos a casa de raúl y de camino me tomé un helado (menudo fin de semana a base de cremas frías) hicimos tiempo esperando el autobús y me lleve a casa los libritos de Beatrix Potter:


un cd de love of lesbian y el "Heima" de sigur ros de raúl. Que veré esta noche con muchas muchas ganas. Estuvimos en el ordenador pensando cosas para los retratos que tenemos que hacer, luego saludé al niño-mano y le hice fotos


entonces le dije a raúl que si era posible representar al niño-mano en su cuerpo y dijo que podía ser, así que cuando llegamos a mi casa lo intentamos tapándonos con un abrigo y nos convertimos en los niño-sincabeza. Creo que con algun intento más conseguiremos ser niños-manos y quedará muy bonito.
Por la noche me puse a cocinar unas recetas que me inventé y el resultado fué bastante bueno, hice una especie de bolitas caseras saladas aunque algunas se convirtieron en trocitos de torta o pizza.




Después mi madre y yo vimos una película que me dejó raúl. Aunque no me gustó mucho...
Jueves 28 de mayo de 2009
A veces pretendo no despertarme, la música entorpece el crecimiento, qué mentiras más grandes se oyen en los sueños. Todo empieza igual, la almohada en el suelo y yo tapada hasta arriba, supongo que intento desaparecer y es imposible, aunque los planetas decían que sólo has de esforzarte ¿o querían decir otra cosa? qué mas da. Adios a esos tiempos en los que nada solía durar mucho y nada solía doler tanto. El caso es que fui a clase, el corto va bien, aunque no quedará perfecto porque no hay tiempo. Cuestiones de organizaciones docentes. A las siete y media quedé con raúl y por fin fuimos a la tienda de segunda mano por la que siempre pasamos con el tranvía y a la que nunca entrábamos. No nos dió tiempo a casi nada porque justo cuando entramos cerraban y sin darse cuenta de nuestra existencia pretendían encerrarnos dentro con ellos (durante unos segundos sólo). Caminamos hasta casa de raúl y subimos a la azotea para hacernos fotos con las camisetas que hicimos en clase de técnica fotográfica (para presentar el trabajo).



La camiseta que hice yo era de un dibujo que le pedí a raúl que me hiciera donde una mano escribe "Invierno contigo" aunque en la foto no se ve muy bien.



Cuando bajamos vi tu número en la pantalla de mi móvil y sonreí, luego fué peor. Bebimos agua fría y cogimos el autobús. Me gusta ir en autobús o en cualquier transporte público en general, pero más con raúl. No sabría explicar por qué así que no haré el esfuerzo ni intentos frustrados. En fnac compré tres libros, uno de ellos era Después del banquete, de Yukio Mishima. Por hacer una compra superior a 20 euros te regalaban un bolso muy bonito así que más o menos entre el precio de los tres libros sumaban la cifra. En la caja la chica nos dijo que sólo era en libros infantiles o juveniles y yo me quedé un poco chafada pero ella reaccionó enseguida diciendo que aún así me lo iba a dar y yo sonreí diciendo gracias y que era muy bonito. Raúl repitió: "sí es que es muy bonito" y la chica le regaló otro a él también. En el bolso pone: "un sillón es más cómodo con un libro"

Eso creo que sucedió sobre las nueve y cuarto de la noche así que nos fuimos hacia Pont de Fusta. Raúl cogía el tranvía y yo había quedado con Be en su portal, nos la cruzamos al llegar y ahí nos despedimos. Be y yo cenamos en la creperia del autobús, no se llama así pero por dentro hay una parte que parece que estés en un autobús aunque nosotras cenamos en la terraza. Comimos crepes y bebimos sidra dulce. Hacía tiempo que no estábamos las dos solas y me alegré. Ella dibujó en el mantel y luego nos fuimos a casa a ver una película, en la que, como es tradición me quedé dormida. Yo creo que debe ser cosa de su sillón rojo ¡porque nunca me suelo dormir viendo cine aunque sea de noche! Por la mañana me desperté un poco antes que ella, desayunamos tostadas con tomate natural, aceite y sal. Luego me fui a clase de audiovisuales. Pensé por el camino que cuando se vaya en agosto la echaré de menos. Y ya voy a comprar los billetes para hacerle visitas.

El viernes fue un desastre emocional así que prefiero guardarlo en papel.
El sábado creí entender algo por un momento que luego no entendí el resto del tiempo.
A consecuencia de estos dos días, y entre ellos, acabé con una tarrina de helado yo sola.