domingo, 29 de noviembre de 2009




1969 (i love my family films) from Andrea Invierno on Vimeo.


Anoche,

Llevo todo el día en la habitación, por fin me he decidido a terminar de editar todos los vídeos familiares que tenía en Super8, ahora sólo me queda enviar a algún sitio aquella cinta que grabé en Londres en el 2007 para que me la revelen, pero no he tenido mucha suerte hasta el momento. Hoy he leído mucho, estoy tiernamente enamorada del libro que tomé prestado el martes, es delicioso. Y sé que no he dejado de repetírtelo durante toda la semana. Me inquieta mucho y me encoge el corazón demasiado. No he podido evitar dejar caer más de una lágrima. Philippe se está volviendo malo. Pobre Isabelle, ella sólo quiere cuidarle y estar con él. Él, sin embargo, se ha convertido en Odile, y aun dándose cuenta, no puede evitarlo. Me pregunto dónde está el recuerdo de esos meses que se hacían tan cortos e intensos en los que él la amaba igual que ella lo sigue haciendo y donde no pensaba a otra mujer, excepto al recuerdo de la bella Odile. Dónde quedan esas palabras que un día, tan bonitas, le escribió (sincerándose) en aquella carta. Pobre Philippe, desdichado. El que sufre un instante, más tarde, es el que hará sufrir al otro. El libro dice que Isabelle, mientras Philippe leía para ella, comprendió esto:

"Yo era la Dolly de las primeras páginas de Ana Karenina; incluso Ana era un poco Odile y otro poco Solange. Cuando Philippe leía, yo adivinaba que estaba efectuando las mismas comparaciones"

Cuando he leído esas palabras sólo he deseado gritar: ¡Menudo círculo la vida!
Me alegra que te gustara lo que te envié, aunque sólo fuera un boceto. Pienso en ti, continuamente.

Por cierto, ¡cómo llueve!

miércoles, 25 de noviembre de 2009



Caminé hacia la biblioteca porque tenía que devolver un libro, y así cogería algún otro. Llevaba en mente tomar prestado aquel de Maurois que ya me llevé en su día y que nunca comencé debido a aquella mala costumbre de creer que podía con varios a la vez (cosa que sigo haciendo pero en menor medida porque si no siempre hay uno o dos que les lleva ventaja al resto y éstos suelen quedar estancados). Pues bien, primero decidí buscar si estaba disponible, por suerte mía sí lo estaba, tras esto intenté escoger otros al azar, marcando en el teclado, sin mirar, con los primeros nombres que se me ocurrían, tras varios resultados erróneos, nada gratificantes y con un éxito considerable en libros de auto-ayuda (¡casi muero petrificada!) opté por dejar mi absurdo juego y salir de ahí sólo con un acompañante, ¡y menudo acompañante! tengo devoción por las ediciones antiguas (aunque, ¿quién no?) y siempre me invade una felicidad extrema cuando me encuentro con una, y ésta precisamente es de un color verde que adoro. Quería ir a la tienda de disfraces que hay cerca de la biblioteca, y de hecho lo hice, pero no encontré lo que andaba buscando así que me fui un poco desilusionada. Llegando ya al paso de cebra Mario me dijo que quería ir a una tienda de discos que había cerca, así que decidí  acompañarle y de paso mirar alguno (porque justo unos días antes Álvaro me había dicho que ya había colocado el tocadiscos en su habitación), al final terminé comprando esta maravilla:



Después caminamos hacia el ayuntamiento porque a las ocho yo quería ir a la filmoteca, pero aún eran las seis (aunque no lo recuerdo con exactitud) y decidimos ir a tomar algo porque hacía mucho tiempo que no nos veíamos. Le llevé a mi café favorito que había descubierto con Álvaro hacía un año, o quizá más, o quizá menos. Decidí tomar un té de canela, que es mi preferido por excelencia, y me lo sirvieron en una tetera preciosa (adoro ese sitio, un día he de subir fotos, quizá esta semana pero las haré con la digital porque las que hice fue con la analógica y aún no las tengo). Yo me sentía realmente agotada, había estado desde las ocho de la mañana en pie y sólo había parado dos horas (si llegaba) en casa para comer, he de decir que al llegar a casa mi madre había traído una tarta capuchina, que es su preferida y también la mía. estaba deliciosa:


Después había ido corriendo de nuevo a coger el bus, porque si no cogía el de las cuatro y media hasta las seis y media no pasaba otro y eso ya lo veía muy tarde para lo que quería hacer. El caso es que al llegar al café no estaba demasiado animada como de costumbre cuando Mario y yo nos vemos, pero me sentía feliz por estar con él aunque no se me notara demasiado. Tras dos tazas de té, un café con leche, dos galletas acarameladas y alguna que otra historia el reloj marcó las siete y veintiséis (hora exacta, porque me fijé y lo recuerdo) así que pagamos y él me acompañó a la puerta del teatro, ahí nos despedíamos. Tras esto entré y subí al ascensor, que ya he nombrado varias veces, y pulsé el botón número cuatro, estaba completamente sola rodeada de mis reflejos por todas partes (todas las paredes tienen espejo) así que empecé a hacer caras y a mirarme de reojo sin ningún tipo de gracia. Me sorprendió que no hubiera mucha gente, pero luego pensé que normalmente la sesión de éxito suele ser la de las seis. Así que me quité el abrigo y dejé las cosas en la butaca de al lado, me di cuenta de que en la fila de atrás había un chico sentado y observaba fielmente todos mis movimientos, cruzamos un segundo la mirada porque me pareció del todo descarado. Me senté y comencé a leer el libro que había tomado prestado porque aún quedaban diez minutos para el comienzo de la proyección, me volví a sentir observada cuando me acerqué al bolso para sacar un pañuelo, caray, ¡seguro que ahora también quiere ver cómo me sueno! -pensé. Empezó a sonar la música que anuncia que las luces se apagarían en un minuto aproximadamente y cerré el libro y me acomodé. Ya he dicho muchas veces que me encanta ese momento mucho, así que aunque lo esté repitiendo intentaré no hacerlo más. El primer cortometraje o película corta era el famoso viaje de Méliès a la luna, yo tenía la esperanza de que sin más aparecería un pianista en la sala y tocaría para la proyección, pero no hubo suerte, de todas formas creo que me gustó mucho verla muda del todo, con alguna risa en momentos puntuales y ese ruidito que tanto gusto da del proyector, las anteriores veces que la había visto en una pantalla decente (no la de mi ordenador) había sido con música y por eso mi esperanza radicaba ahí. Después vinieron varias historias cortas más, de animación la mayoría, una que no entendí en absoluto, o sí entendí pero en la que pensé que mi humor debía estar en otra dimensión porque no me hizo absolutamente nada de gracia y el público (en su mayor parte) se reía bastante, eso por no decir también que los dibujos eran horribles y desagradables. Entre todos hubo uno que provocó que me saltaran las lágrimas, me pareció totalmente poético, aunque también tenía su punto cómico, el cual si que capté y me hizo sonreír, era francés, como no. Tras terminar la proyección y que unas luces tenues se encendieran, empecé a recoger mis cosas y me coloqué el abrigo, por supuesto el chico de la fila de atrás no se iba a perder detalle de nuevo, esta vez fui yo la descarada y le eché una mirada fulminante al marcharme. Me metí en el servicio y al salir observé que el ascensor estaba a punto de cerrarse pero que una pareja estaba intentado abrirlo para meterse también, así que rápidamente me uní a ellos. Sorpresa de mí cuando me di cuenta de que él y yo estábamos al lado, de repente, sin más, mirando hacia abajo y con una voz suave y bajita dijo: "un pequeño paso para un hombre pero un gran paso para la humanidad. Eres preciosa". Yo me quedé totalmente paralizada y sentí la vergüenza más grande del mundo en ese momento, no podía creerlo, bajé la mirada del todo y emití un sonido que no sabría definir exactamente. Esperé con ansia a que el ascensor me diera paso para huir, saqué la bufanda del bolso y me la puse disimuladamente al irme. Supongo que sólo él y yo entendimos lo que dijo y supongo que alguno de los que estaban en el ascensor también lo escucharía y pensarían que era un pobre loco, pero sinceramente no me pude dar ni cuenta. Tendré que decir por último que lo de decir la famosa frase de Armstrong debió de ser porque la proyección trataba sobre cortometrajes de viajes a la luna, y esa frase salió más de una vez. No sé si a parte de eso también llevaba un mensaje secreto.

lunes, 23 de noviembre de 2009







"Su cabeza encapuchada se rodeó de un fresco nimbo de aliento y sus zapatitos repiqueteaban alegremente sobre el suelo cubierto de cristalitos de hielo. Era el último tranvía. Los flacos caballos castaños lo sabían y movían las campanillas como para anunciarlo a la noche clara. El cobrador hablaba con el conductor, y ambos hacían a menudo gestos expresivos con la cabeza a la luz verde de de la lámpara. (...) Los dos parecían escuchar, él en el peldaño de arriba del estribo, ella en el de abajo. Mientras hablaban, ella subió varias veces hasta donde estaba él y volvió a bajar otra vez a su peldaño, pero en una ocasión o dos permaneció por unos momentos pegada a él, olvidada de bajar, hasta que volvió a descender por fin. El corazón de Stephen seguía el ritmo de los movimientos de ella como un corcho el ascenso y descenso de la onda. Y comprendía lo que los ojos de ella le decían desde las profundidades del capuchón y comprendía que en un pasado obscuro, no sabía si en la vida o en el sueño, había oído ya antes su mudo idioma. Y le vio lucir para él sus galas: el bonito vestido, el ceñidor, las largas medias negras, y comprendió que él se había ya rendido mil veces a aquellos encantos..."


(retrato del artista adolescente, Joyce)



domingo, 22 de noviembre de 2009




   "he tenido siempre un norte inalterable en la frase esperanta que aparece..."



Esta mañana me he despertado muy decidida, se terminaron estos días de quehaceres invisibles y de perecer en mi cama. He comenzado por ordenar mi armario, realmente daba miedo y así no le entran ganas a una de nada. He ordenado los cajones y los he clasificado dividiéndolos en sueters invernales (no se para qué si el invierno aquí parece que no exista, ¡puñetas!) Chaquetitas de punto o en su defecto rebequitas (que término más horrible por dios) suetercitos más finos y toda pieza similar a la que es imposible resistirse en denominar con un diminutivo. También en camisetas de manga larga, manga corta y sin mangas. Después he decidido colgar en perchas todos los pantalones (sí, algunos los tenía hechos un moñigo y escondidos) y así un largo etc. Por suerte las faldas no ha hecho falta organizarlas porque     parece ser que han sido las únicas supervivientes a mis dos semanas de desorden. Después me he dado cuenta de que me merecía una recompensa por tanto trabajo y de que el reloj marcaba casi las cuatro así que me he tomado una crema de berenjena con queso y hierbas provenzales. Al terminarla he subido a la buhardilla a leer porque había una luz muy agradable, también he comido una ensaimada con canela y un trozo de merengue. La luz no ha tardado en irse así que he proseguido con mi proyecto. Me he puesto a organizar las cosas de clase. He hecho unas fotocopias que necesitaba y he ordenado las demás metiéndolas en una funda según la asignatura correspondiente. También he seguido con mi archivo para historia de la fotografía y las he clasificado en carpetas para mañana imprimirlas y ponerlas en la libreta con los apuntes a los que corresponden de una vez. Luego me he dado cuenta de que la asignatura que peor llevo es la más importante porque sólo he entregado un trabajo cuando debería haber entregado tres, así que me he dispuesto a resolver ese problema y me he hundido un poco porque sigo estando muy atrasada con lo de las fotos en raw y ni siquiera las he podido abrir (no sé como se abre el programita ese, se queda ahí parado como un bobo y yo me desespero, de verdad que sí. Debería haber nacido a mediados del siglo XIX y ser compañera de algún científico loco. Habríamos descubierto todo, estoy segura, y sería feliz. Tengo ganas de que llegue el segundo cuatrimestre para hacer cámara de placas, mientras tendré que ir enterándome más. Tras haber hecho todo eso me he puesto a pensar en el trabajo para audiovisuales que hay que entregar el miércoles. Hoy es el cumpleaños de Raúl, íbamos a celebrarlo pero al final no lo hemos hecho porque él no tenía muchas ganas. Ahora voy a terminar de leer la "Antología Mandarina" que me regaló Álvaro el otro día y que tanto estaba deseando :)

sábado, 21 de noviembre de 2009

"domingo y noviembre, no hace apenas frío así que cualquiera que no supiera el mes nunca lo acertaría. Hoy ha sido un día realmente suicida, me he quedado en la cama más de doce horas, mi mente está activa pero mi cuerpo no responde, es algo horrible. El viernes por la noche fue divertido..."
Así es como comienza la página pero ahora prefiero saltarme algunas cosas. Empezaré por aclarar que lo que fueron doce horas se convirtieron en dos días y que no hice nada de lo que tenía que hacer, últimamente me pasa mucho esto, y en realidad antes merecía en cierto modo la pena porque invertía el tiempo en ver cine o leer pero es que ahora me quedo totalmente quieta en la cama teniendo ideas que nunca llevo a cabo. El lunes fui a clase y estaba deprimida pero llegó el martes por la tarde-noche y su voz me tranquilizó. Le dije que al día siguiente tocaba Micah P Hinson y que pretendía darle la sorpresa pero que todo había salido mal, él pensaba que sólo iba a madrid y por eso no me había dicho nada, así que al día siguiente fui a comer a su casa para después ir a comprar las entradas (...)
A las ocho empezaban los conciertos, antes de ir bebimos un poco de cerveza viendo las chicas Gilmore, alternadas, en anuncios, con trozos de Big fish, que a la vez (y más tarde) se alternaba con Harry e hijo, una película malísima de los ochenta pero que hacía mucha risa. Eso sin pasar por alto mi virtud para ponerle nombre sin saberlo (y acertar luego) a las series cutres que hacen ahora por las tardes en la tele, como "mamá desastre" y cosas así. Cuando llegamos a la sala ya estaban sonando las últimas canciones de the duke and the king, me enamoré totalmente de la chica que tocaba la pandereta y el violín, y que tenía una voz increíble. Llegó el momento de Micah, vi todo el concierto abrazada a él, tanto que me llegó a doler el hombro, pero yo estaba feliz. Después bailamos con Black Joe Lewis y los Honeybears (...)

miércoles, 11 de noviembre de 2009











good times for a change, see, the luck i've had can make a good man turn bad...
(no puedo dejar de escuchar a los smiths por las mañanas. pobre bob, debe pensar que le he dejado de lado en mis despertares...)

fotos: Bélgica (octubre 2009)

lunes, 9 de noviembre de 2009



ÉL. — Cuando hablas, me pregunto si estás mintiendo o si dices la verdad.
ELLA. — Estoy mintiendo. Y digo la verdad. Pero a ti no hay razón para que te mienta. ¿Para qué?
ÉL. — Dime... ¿te pasan a menudo historias como... ésta?
ELLA. — No muy a menudo. Me gustan los chicos...
(Pausa)
ELLA. — Soy de dudosa moralidad, ¿sabes?
(Sonríe)
ÉL. — ¿A qué llamas tú una dudosa moralidad?
(Tono muy ligero)
ELLA. — A dudar de la moralidad de los demás.
(Él se ríe con ganas)
ÉL. — Me gustaría volver a verte. Aunque el avión salga mañana por la mañana.
Aunque seas de una dudosa moralidad.
…
ELLA — Y  te encuentro a ti. Te recuerdo. ¿Quién eres? Me estás matando. Eres mi vida.
¿Cómo iba yo a imaginarme que esta ciudad estuviera hecha a la medida del amor?
¿Cómo iba a imaginarme que estuvieras hecho a la medida de mi mismo cuerpo?
Me gustas. Qué acontecimiento. Me gustas. Qué lentitud, de pronto. Qué Dulzura.
Tú no puedes saber. Me estás matando. Eres mi vida. Tengo tiempo de sobra.
Devórame. Defórmame hasta la fealdad. ¿Por qué no tú?
¿Por qué no tú, en esta ciudad y en esta noche tan semejante a las demás que se confunde con ellas?

el sábado vi de nuevo esta película, me parece tan preciosa... tanto , tanto, que sólo puedo decir con los ojos llorosos: HI-RO-SHI-MA.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Hola, ¡buenas noches!

en la forma que el azar y el viento dan a las nubes el hombre se empeña en reconocer figuras: un velero, una mano, un elefante...




(...) Tengo una carpeta para los objetos, una carpeta para los animales, una para las personas, una carpeta para los personajes históricos y otra para los héroes de la mitología; tengo una carpeta sobre las cuatro estaciones y una sobre los cinco sentidos; en una recojo páginas sobre las ciudades y los paisajes de mi vida y en otra ciudades imaginarias, fuera del espacio y del tiempo.

Tengo una caja para los objetos, una caja para los animales y las personas (grabadas en papel), una para las cartas que me mandan y otra para las que quise enviar y nunca me atreví a hacerlo; tengo una caja del invierno y una de "I papaveri" de Monet; en una recojo trozos de mi vida y en otra lápices sin estrenar esperando a inventar algo que jamás exista.
Si Italo Calvino no hubiera muerto un poco antes de que yo naciera creo que hubiéramos hecho buenas migas, sobretodo, inventando ciudades invisibles con Marco Polo y Kublai Jan, el emperador de los tártaros; en la realidad histórica, Kublai, descendiente de Gengis Jan, era emperador de los mongoles, pero en su libro Marco Polo lo llama Gran Jan de los Tártaros y así quedó en la tradición literaria (dios, ¡adoro esa aclaración del principio!). Ayer me llevé prestado el libro de la biblioteca, en realidad, yo iba en busca de "los amores difíciles" (también de él, que mi profesora preciosa de historia de la fotografía nos fotocopió, pero sólo un cuentito pequeño y yo me quedé con ganas) no estaba y algo me incitó a llevarme este otro. Después el universo, que está más alterado que nunca, hizo que apareciera en todas partes: en el libro que me había dejado Álvaro y que me estaba leyendo, en su libreta de notas, en mi carpeta de "cosas por hacer" (pero además la de hace años) y esto lo he descubierto porque al encontrarme con el principio de la frase que he puesto debajo de la foto me he dado cuenta de que la he sabido seguir sin necesidad de mirarla, después he corrido a comprobarlo y estaba en lo cierto. Como dijo Alvy en Annie Hall: "El universo se expande"; y a mi me encantan las casualidades.

lunes, 2 de noviembre de 2009





mi diadema de reno y yo queremos que llegue el invierno a esta ciudad de una vez, maldito cambio climático. (be, ¡envía un poco de nieve!)