viernes, 22 de mayo de 2009


Cuando crees que nunca es demasiado y nunca te parece poco y demasiado te parece menos aún pero no te das cuenta y sigues en tu nimbo ignorando que el final (porque sí, crédula de ti, tenía que haber un final) va a ser el mayor batacazo que te has dado hasta el momento. Podrías estar preparada para un golpe de estado, para miles de incendios con lupa e incluso para la tercera guerra mundial, pero jamás para lo que te acaba de pasar. Ingenua por creer estar en el Edén y que alguien se comiera la manzana. Ingrata por no comprender y que después no miraras. Hasta luegos de viento que se convertirán en cartón o hierro oxidado, hasta luegos que quizá se conviertan en besos manchados o en adioses congelados.
(en la imagen un cuadro de Toulouse Lautrec)