domingo, 26 de julio de 2009


He sumado un año y he restado días de vida. Suenan Los Planetas y dicen que van a hacer un aeropuerto donde habíamos quedado pero sólo lo dicen porque es la canción del fin del mundo y porque he encendido la radio. Supongo que seguirán hablando de ellos por sus principios básicos de astronomía, porque como dice mi tío "ellos siempre andan por el espacio y nunca se cansan". Aún no he visto el cómic con la recopilación que sacaron a principios de este mes, y que seguramente ya estará agotada a pesar de las críticas que he leído, pero yo, como ellos, no me canso de subir al espacio de vez en cuando y aunque no me lo compre ni haya pretendido hacerlo les sigo queriendo, así que he decidido ponerme Cumpleaños Feliz y saltar en la cama gritando lo mucho que juré y todo eso. 
He pasado una semana y media, aproximadamente, despertándome a las ocho y esto ha servido para fundamentar ya del todo que siempre que está próxima la fecha de mi cumpleaños sufro algún tipo de trastorno y me vuelvo más inestable todavía.

El Viernes por la noche tocaba Tiersen en Viveros y teníamos pensado ir a escucharle mientras nos sentábamos en el césped y bebíamos elixires pero al final acabé con Be, en casa del novio de Ampy, con ella, Ana y Mawi. Luego dormí en casa de Be y pensé que quizá sería la última vez que iba a soñar en el sillón rojo así que me entró ese tipo de tristeza que no es una tristeza bonita-melancólica de esa que te provocas para sentir que eres algo sino que sentí una tristeza con pánico. Por la mañana me desperté con el olor de la comida que preparaba Pilar, Pilar es la madre de Be, Pilar es realmente agradable y yo la quiero desde que era pequeña aunque nunca se lo diga. Luego me hizo unas tostadas y bebí zumo tropical de ese que lleva leche, no suelo beber ese zumo porque la leche sólo me gusta a veces y si es fría pero de vez en cuando no sienta nada mal saltar costumbres. Estuvimos leyendo un poco, Be leía "de todo lo visible y lo invisible" y yo "delicioso suicidio en grupo" que lo había dejado parado porque me había enganchado a otro. También miramos cosas en internet y después me fui a comer con Álvaro y con Javi, les preparé yo la comida porque los dos estaban durmiendo y medio muertos. Vimos El Idiota de Kurosawa y me volví a dormir, y digo volví porque ya era la segunda vez que la veía a medias y digo también que nunca más volveré a votar por poner una película japonesa de esa corriente, por muy preciosa que me parezca, después de comer, tumbada y habiendo salido la noche anterior. Ellos también se durmieron. Me desperté y a las siete menos veinte me fui y cogí el autobús número cinco, que no es la primera vez que lo nombro y que a Reyes le gusta tanto, para ir a la Fnac a contemplar el último libro de Loriga que es tan bonito y tan caro, empecé a leerlo y lo quiero, lo quiero ya. Y también quiero que Raúl, que igual lee esto, me devuelva Héroes pronto. El Domingo es hoy y hemos ido al chalé a celebrarlo, me han comprado tarta Capuchina que es mi preferida y hemos hecho fotos en la piscina. A las nueve he quedado con Mario que me ha llamado antes para felicitarme tocando el piano. Nos hemos ido a cenar a La Ermita y luego a tomar unas cervezas y me he acordado de todo lo que le quería y cuanto le quiero aunque ya no nos veamos tanto. Hemos hablado de cosas que nos habían pasado y de cuando me volví loca y cogí un autobús para verte, después has llamado. También ha recordado mi costumbre de inventarme historias y la vida de la gente que pasaba por la calle. Supongo que no quería irme a casa cuando hemos dado el último paseo aunque he llegado ahora y es muy de noche, es tan de noche que ya es Lunes y la gente duerme y todo está en silencio. No hace nada de calor, ya no suenan Los Planetas, ya no suena nada, aunque debería sonar De viaje. 
Ahora sigue siendo Lunes, calor y silencio. Me duele la cabeza, me duele la tripa, me duele todo en general. Iba a ir a la filmoteca con Mario a ver La reina de África pero no tenía fuerzas y me he quedado aquí, en casa, en la habitación. 
He comido con Raúl, Bea, Alberto y Raquel y me han dado regalos y no podía creerlo cuando he visto asomarse la esquinita del libro de Ray Loriga, me he puesto muy contenta y ahora mismo voy a tumbarme en la cama a leerlo.