martes, 15 de septiembre de 2009

Cuando era pequeña y me enfadaba con las niñas de mi clase me decían que tenía las palas separadas como las mentirosas. Yo jamás le había dado importancia al hecho de tenerlas así, de hecho no empecé a sonreírle al espejo hasta el momento. Recuerdo que mi madre me recogió del colegio y en el coche ya iba abstraída pensando en aquel comentario, pero no dije nada. Cuando subimos al ascensor me miré y abrí levemente la boca, mi madre se quedó mirando y le dije que me habían dicho que tener las palas separadas era de mentirosas; le pregunté qué tenía que ver aquello con mentir o no hacerlo, realmente por pequeña que fuera yo lo veía un dicho completamente estúpido. Creo que mi madre no me supo responder y obvió mi curiosidad con algún comentario agradable. Supongo que todo son etapas y volví a olvidarme de ellas para acto seguido empezar a quererles un poco; fui consciente de que había alguien que ni se daba cuenta o de que también le gustaban, Raúl, por ejemplo, quien me hizo el otro día las fotos tan bonitas de ahí arriba.