Lillian Gish en The wind (Victor Sjöström, 1928)
Korkalen/la carreta fantasma (Victor Sjöström, 1921)
Detesto los autobuses estropeados que me llevan y me traen cada día. En cambio, adoro ese tipo de trenes. Voy al centro a buscar unos libros y de camino me cruzo con alguien y pienso que me horroriza a veces no ser invisible. Que últimamente me da rabia la gente que deja una butaca de separación en el cine para no sentirse invadido, mientras yo grito por dentro que deseo un brazo desconocido que me roce inconsciente. Que pensar en las veces que dije que quería hacer algo y no lo hice ya no sirve de nada, y que ir un paso por detrás de los demás debería anularme y destrozarme pero ya no me importa a estas alturas. No me concentro cuando leo, llevo un mes con los mismos libros y esto me agota, -"tranquila, sólo debe ser una etapa". Maldigo razonar de este modo. Entre tanto me consuelo con las imágenes en movimiento, sigo odiando a la gente por la calle y escucho música de fondo. Suelo tener el cine mudo abandonado pero estos días me he sentido con ganas, y si Lillian Gish me parecía perfecta en el cine de Griffith, con Sjöström pienso que está increíble.



