sábado, 18 de julio de 2009

Viernes 17 de julio de 2009



Ya se ha hecho de noche y ha empezado a hacer mucho viento, tanto que mi cortina no para de moverse y se ha hinchado hasta transformarse en globo, se ha hinchado tanto que no parece ni verano, aunque después de noches como ésta las mañanas son mucho más calurosas que otras mañanas anteriores y volvemos a la estación que habíamos nombrado antes.




El día lo hemos pasado en la piscina, el sol atravesaba el agua con tanta fuerza que ésta brillaba y se alargaba. Hemos buceado y hecho fotos y también hemos abierto tanto los ojos que el cloro se los ha comido y yo tenía que cerrarlos y abrirlos para volver a cerrarlos y volver a abrirlos. Creo que hemos gastado dos carretes, aunque en el primer carrete ya habían fotos anteriores del miércoles cuando me fui con Bea y con Alberto y con Raquel al Saler. Hemos comido bajo la sombra de un árbol antes de bañarnos y la gente nos miraba, no nos miraba mucha gente en realidad porque cuando hemos ido nosotros no había casi nadie pero si hubiera habido mucha gente estoy segura de que sí que nos hubiesen mirado por todos los trastos que llevábamos. Después nos hemos secado para subir a mi habitación. Raúl se ha puesto en mi portátil y yo en el mac que se ha comprado. Sí, ahora Raúl también pertenece al grupo religioso de las manzanas y las peras. Hemos abierto el photo booth y me he quedado totalmente atrapada, él también. Creo que hemos estado como dos horas de reloj y casi ochenta fotos mas videos. Después de esto hemos bajado al salón para ver una película de adolescentes, que es la película por excelencia de Bea y mía desde la infancia y la que mejor nos sabemos de memoria, donde se critica a un universitario que escucha rock de protesta para terminar enamorándose de él (éste no es el argumento, desde luego, pero siempre me ha gustado esa connotación en la película). Quisiera aclarar que no es la típica americanada de adolescentes por mucho que lo aparente y que está basada en un libro de Jane Austen. Luego Raúl se ha ido corriendo, no por la película, sino porque pasaba el último autobús para llegar a casa.


The empty-handed painter from your streets is drawing crazy patterns on your sheets. This sky, too, is folding under you and it's all over now, Baby Blue...

martes, 14 de julio de 2009






El catorce de julio de 2009 a la una y media aproximadamente llamó a la puerta un chico de barba espesa y ojos verdes que se intensificaban con el sol. Llevaba las manos detrás de la espalda y con ellas sujetaba una bolsa enorme blanca que intentaba ocultar sonriendo. Pronunció en voz alta que hoy celebraban un cumpleaños, o mejor dicho que celebraban un no-cumpleaños, y entusiasmada, la chica de flequillo largo subió a la habitación con el vestido enredado en el cuello porque aún no le había dado tiempo a cambiarse y había abierto la puerta en ropa interior. El primer paquete era un papel precioso de color naranja que había envuelto él mismo, al destaparlo con cuidado apareció un libro titulado: "Nouvelle Vague", algo que a ella siempre le había gustado. El segundo era de colores y se entendía que procedía de una tienda de juguetes. En su interior había un juego de play-doh para cocinar con millones de botes de plastilina, esa que huele tan bien y que el tacto es aún mejor. Apareció un tercero, una cámara de fotos, ella se puso muy contenta y casi a llorar porque justo la tarde anterior el chico de barba espesa y la chica con flequillo largo habían ido a la tienda a ver si la compraban y al final ella regresaba a casa con las manos vacías porque había vencido el no.
Así que al día siguiente ahí estaba ella, de pie en la habitación blanca con la cámara en la mano y el corazón rojo.



Viernes 10 de julio de 2009



Empezaré hablando del tiempo. Dicen que me estoy haciendo vieja porque hablo mucho del tiempo, aunque en realidad sólo lo dices tú pero siempre me ha gustado eso del "dicen". Tenía planeado echar un vistazo a los libros que hablan del tráfico y sus normas y de los vehículos en general pero en lugar de hacer eso me he perdido un poco y no me concentro así que el examen ya no sé ni como saldrá.

Hacía muchísimo calor, el termómetro debía marcar unos treinta y cuatro grados, pero ya se sabe que aquí, en Valencia, treinta y cuatro grados son como más de cincuenta grados en cualquier otra parte del mundo. Había quedado con Raúl en la puerta del teatro para ir a la filmoteca, llegué un poco tarde porque tenía que recoger unas fotos así que corrí bastante sin mirar atrás para que el sol no me alcanzase. Compramos la entrada por un euro a la misma mujer, que hablaba por teléfono aquella vez que fui a ver alemania año noventa nueve cero, que esta vez está fumando. Entramos y pienso que el aire acondicionado está muy fuerte, aunque en realidad siempre lo está. Deben pasar unos sesenta minutos hasta que salimos de la sala para irnos a la plaza de la virgen donde Raúl me regala una chocolatina preciosa que había traido del pueblo de Ana. Más tarde me voy a casa de Álvaro, pero antes tenía que comprar una botella de ron, así que entro en mercadona para darme cuenta de que no queda ron y retrocedo hasta el supermercado de el corte ingles, donde sí que hay y había evitado entrar porque pensaba que sería más caro. Me doy cuenta de que no lo es.
En la cola de la caja la mujer que cobra, es decir, la cajera, me pregunta si llevo el d.n.i y yo le digo que sí sin importarme que me haya quitado como tres años. Ella mira la fecha de mi nacimiento y me lo devuelve enseguida, pago en efectivo y se lo doy justo, así que mientras salgo doy por sentado que aún debe estar calculando mi edad por la cara que ha puesto al devolvermelo. Camino y al llegar al portal entro y subo en ascensor. Pulso el número ocho porque Álvaro vive en un octavo. Decidimos que seguramente vamos a salir y llamamos a Rafa para ver si viene al final también o no. Dice que sí y que vendrá con Eva y una amiga de Eva, aunque en realidad luego sólo aparece con Eva.
Mientras, ponemos la película de Woodstock y empezamos a beber. Un poco antes de esto Álvaro me dice que va a traer algo para mí y aparece con un libro titulado "Delicioso suicidio en grupo" y yo me alegro muchísimo porque mi colección de libros que incluyen la palabra suicidio en el título ya tiene consistencia gracias a él.
Seguimos bebiendo y escuchando a Crosby, Stills & Nash seguido de Richie Havens y tras él Canned Heat. Bebemos más aún con The Who, Joe Cocker y luego con Country Joe & the Fish. Entonces suena el timbre y de fondo Arlo Guthrie.
Más tarde, ya no sé cuando, nos vamos al Swan en coche y perdemos la cabeza completamente.



martes, 30 de junio de 2009

_________________________________________________miércoles 24 de junio de 2009, Madrid.

Hoy también, querido desconocido, te escribiré en hojas diminutas en una ciudad que no es la mía y ya no querré esperar a que decidas llamar. Beberé en un salón francés con paredes de color rojo que encontraré deambulando por alguna calle de un barrio cuyo nombre preferiré recordar con la letra de aquella canción de aquel grupo que nunca te terminó de gustar. Me sentaré en alguna mesa pequeña de color marfil y beberé ron blanco en vasos de cristal con hielo. Hablaré de planear las próximas horas, y quizá los próximos días, anotando todo junto a la chica de pelo corto y falda azul que está sentada enfrente mio. Miraré los cuadros de mi alrededor y empezaré a dibujar sin saber hacerlo porque la luz ya no invitará a fotografiar. Me emborracharé poco a poco y pensaré que quizá ha cambiado todo pero no querré atormentarme más. Cuando el Café esté lleno por gente distinta a la que vimos al entrar decidiremos que es hora de marcharse. No miraré el reloj y caminaré junto a la chica de pelo corto, que tendrá unos diecinueve años y no parará de hablar.
Hoy también, querido desconocido, conscientes de nuestro presupuesto, la chica de pelo corto y yo nos iremos a algún bar, esta vez mucho más decadente y lleno de vegestorios que nos mirarán mal. Pediremos ese líquido hecho a base de cebada o trigo y mi cabeza ya no estará donde tiene que estar. Haremos alguna llamada y recibiremos otras tantas y un hombre con camisa a cuadros nos recogerá. Nos llevará a un sitio con luces color violeta, la ropa brillará. Mi estado de embriaguez aumentará y discutiré con algún chico que también llevará camisa a cuadros pero que no será el mismo que vino al anterior bar. Le miraré y pensaré y no sabré si es por la cantidad de alcohol que he ingerido o porque no dejará de llevarme la contraria provocandome cada vez más. Dirá que lleva en su bolsillo ochenta gigas de música y que en ninguno hay canciones de Bob Dylan y yo gritaré sin entenderlo y aún así seguiremos discutiendo y eso me gustará. Será la última, esta vez sí, porque el metro ya no pasará más y al día siguiente tendremos que madrugar.
Y mañana, maldito desconocido, despertaré y todo volverá a ser como tiene que ser: tú, el iluminado, el implacable. Y yo, la que pensará.

(foto raúl)

viernes, 19 de junio de 2009

Me encanta despertarme pensando que llevo cientos de horas durmiendo, mirar el reloj y que marque las nueve y treinta y siete, estar descansada y saber que tienes toda la mañana para poder desperezarte mientras escuchas el cd que te compraste la tarde anterior en la fnac por nueve con noventa y cinco y que no podías creer cuando lo viste porque era una recopilación de Bob Dylan que incluía tres cd's y unas fotos preciosas, y a pesar de que nunca has sido muy partidaria y le has hecho ascos a lo largo de tu vida a las recopilaciones te lo compras porque no puedes girar la cabeza y mirar hacia otro lado ya que te lo han puesto al lado de la caja donde has estado haciendo una cola de al menos diez minutos para pagar el libro de Vila-Matas tan genial que Álvaro te ha descubierto esa misma mañana, los nueve cuentos de Salinger porque te compraste a Franny y a Zooey pero no ése y más tarde te arrepentiste y por eso ahora lo llevas debajo del brazo mientras haces la cola, repito, de los diez minutos, que visto así no parecen muchos minutos para una cola pero que aseguras que sí lo son porque la gente no tiene noción del tiempo y diez minutos son muchísimos minutos. Así que te levantas de la cama, vas al baño, te lavas la cara y bajas las escaleras descalza mientras te miras los pies y piensas que quieres grabarte algún día haciendo eso porque los pies quedan realmente bonitos chocando contra el parquet hacia esa dirección. Le abres la puerta a los nenes-perros pero éstos deciden que no quieren salir al jardín y que se van a quedar contigo mientras te preparas el desayuno, que en realidad no te preparas porque comes un trozo de Brownie que cocinaste hace dos días y que se te quemó y nadie se ha comido aún, pero no sabes si no se lo han comido porque se quemó. Abres la nevera y no hay leche fría y si no hay leche fría no puedes beber leche así que bebes agua. Sales a la terraza y está tan nublado que piensas que el sol hoy no saldrá pero que a ti te da igual porque es un día maravilloso. Terminas el desayuno y vas por las escaleras, esta vez subiendo, para llegar a la habitación naranja y poner el primer cd de la recopilación, te vuelves a tumbar en la cama con la voz de Dylan y crees que ese momento va a ser el mejor del día y te quedas hasta que el cd termine con la canción número diecinueve pero antes de que esto pase las lagrimas te han saltado con It's all over now, baby blue y ha sido precioso. Después de esto decides guardar los otros dos cd's para otras dos mañanas y enciendes el portátil para transcribir del papel al blog alguna tontería sobre los últimos días, pero decides hacerlo rápido y no te da tiempo a escribir casi nada porque ya son las once y veintiséis y has de ducharte, vestirte y coger el autobús para ir a casa de tu abue que has quedado con ella a comer y apuntarte algunas recetas secretas, darle muchos besos porque hace tiempo que no la ves y es una de las personas más importantes de tu vida. Así que seleccionas esto de todo lo que tienes:

Parece que no va a hacerse de noche nunca. Han pasado nueve días aproximadamente y no sé por donde empezar, así que vomitaré desordenadamente. Tengo hojas manchadas recicladas, de una libreta muy pequeña con gusanillo gris metal y tapa marrón, aunque en realidad sería más correcto pluralizar la tapa y así convertirla en dos, la libreta me la regaló Raúl hace poco, un día que estábamos subiendo por las escaleras.
El Viernes pasado se llamaba Doce y terminé los exámenes. Asistí a la cena de clase y luego a la fiesta de la escuela. Como estoy algo perezosa optaré por saltarme varias líneas hasta que te encuentre. No sé si las llamadas a las once llegaron a tiempo, en realidad habría que convertirse al singular porque sólo fue una la llamada, pero yo al menos quiero pensar eso (genial Andrea, has elegido el peor día de tu torpe coordinación para transcribir).


Los silencios no me asustan, a veces me inquietan pero me has enseñado a controlarlos tanto que ya forman parte de los dos. Intento interpretarte de muchas formas y luego sólo de una, prefiero hacerlo así, aunque luego me termine equivocando. Me gusta tanto despertarme con el olor a sal y tu brazo rozando, tanto o casi tanto como cuando me despertaba en la playa, tú ya sabes a qué playa me refiero y que esa playa en realidad no existe y por tanto ni siquiera es una playa. Quizá el primer sentimiento que tuve fué de tristeza, pero porque no me encontraba, ni te encontraba a ti. También me atormentaba un pensamiento de decepción y frustración que iba ligado al resentimiento de que todo lo habías estropeado (aunque no es verdad y sólo lo pensé por un momento). El Lunes me desperté contenta, como hacía tiempo que no me despertaba. La medusa y los pies hundidos en arena me ayudaron. El retiro espiritual también, y el volver a verte desayunar, eso lo que más (...)
Tu silencio es tan fulminante, tanto, que no me quiero separar de él en muchos años. No, al menos, hasta que me decida a fenecer en Tokio y entonces sepas que aprendí a volar.

martes, 9 de junio de 2009




(auto_retratos)

Anoche volví a ver esa película tan extraña, o quizá la palabra no sea extraña y sea conmovedora, donde sale Lubaszenko interpretando el papel de Tomek, éste me hace pensar mucho y tanto que me asusta. Me he levantado de la cama negándome rotundamente, con la cabeza incluida, a que todo concluya así. Los papeles están invertidos aunque si la vieras, seguramente, tú pensarías que no lo están o que ni siquiera podríamos ser candidatos al reparto del guión. La semana pasada veía el agua caer muy rápido y hoy se está evaporando (a veces ni yo misma sé si me quiero dar a entender). Debería haber empezado antes los retratos para el trabajo de expresión plástica pero a veces me puede más la apatía y el arte ajeno realizado.Hoy es martes, ¿por qué ahora tengo la manía de contar los días y nombrarlos en voz alta? antes quizá también lo hacía alguna vez pero sólo para saber que no estaba muda. Dicen que ahora duermen poco y se acuestan tarde. Dicen que es la semana más estresante. La gente siempre hace todo lo que no debe durante el curso y después necesita tiempo que desaprovecharía igualmente. Cuando digo la gente en realidad me refiero a mí y cuando digo desaprovecharía no sé si estoy mintiendo. No quiero recordar nada pero los desconocidos no me dejan olvidar, hoy en el tranvía. Y en cada cruce supongo. Lo que no consigo recordar es el final de aquel libro, decía algo sobre que fallecía justo cuando disponía a suicidarse, pero nada más. Últimamente no sé qué pasa que por las mañanas hay mucha luz y cuando llego a casa el cielo es gris. Debería irme a Tokio, erosionar la memoria y tomar analgesia infinita, aunque seguramente me olvidaría de todo menos de ti. En realidad no debería erosionar la memoria ni tomar analgesia, bueno quizá el doble de analgesia sí, pero sólo para sobrevivir. Irme a Tokio, eso seguro, y quedarme. Me convertiría en el superhombre del que habla Nietzsche (como Nothomb cuando sube al monte Fuji) y te esperaría en el Kinkaku-ji (que cuando está nevado debe ser precioso) aunque tú ya sabes que te esperaría en cualquier parte.

sábado, 6 de junio de 2009


Me gustaría entender la contradicción del propio ser. La lucha interna del ayer y del hoy por la mañana. Los dolores de cabeza y el mecanismo de los patos de hojalata.







fotos en mi cama, donde paso la mayor parte del tiempo. 
Hechas por Raúl.

Viernes 5 de Junio de 2009

Empezaré por el final:
Bajé del coche, cualquiera diría que era muy temprano pero, para no haber dormido aún, era todo lo contrario. Me sentí en otra parte, me dejé ver como quien deja entornada la puerta de su habitación arriesgandose a que otros espíen por ella más de la cuenta. Cogí un libro, escrito por Saramago, recuerdo que me llamó la atención, no sé muy bien por qué. Pasamos por una horchatería a la que iba de pequeña muchas veces, lo comenté en voz alta y sonreí en voz baja. Viajaron por mi cabeza un montón de escenas con mi madre, y también con mi padre. Veníamos de aquel local donde hacían proyecciones de videoarte y tomamos cerveza, ahí ya había perdido la cuenta, no me preocupaba, en realidad no me preocupaba nada en ese momento, la tasa de alcohol en sangre debía de ser ya considerable y teniendo en cuenta que hacía tanto que no salía de mi cama era obvio que me afectara más de lo normal. Antes habíamos estado en la calle baja, recuerdo el sitio de luces rojas y azules, pensaba continuamente que no me favorecían nada pero terminé por acostumbrarme. Nos dieron una bebida con sabor a melón, cortesía de la casa, a mi no me gusta el melón, aunque sí el melón de chicle, y no me disgustó del todo a pesar de que probablemente era zumo natural. Estábamos hablando cuando entró un chico con una camiseta blanca y se sentó, le reconocí enseguida, era Alberto, me levanté, él también, y hablamos un poco, me puse muy contenta de verle aunque no sé si se lo dije o sólo lo pensé.
Habíamos cenado en un sitio muy agradable, tomamos queso brie con mermelada de violetas, queso de cabra con cebollita caramelizada, tomate con especias y una ensalada. La verdad es que yo no tenía mucho apetito pero terminé por comer de todo porque estaba buenísimo. Bebimos vino tinto, la camarera nos dijo que era fuerte al paladar pero que entraba muy suave. Lo probamos y tenía toda la razón. La conversación fluía mucho, tanto que nos fuimos de ahí tardísimo. Eso siempre me ha gustado, me refiero a las conversaciones infinitas. Llegamos a las diez de la noche, en cuanto nos sentamos un hombre simpático, aunque algo repetitivo, vendía ratoncitos, ranas y patos de hojalata. Me enamoré del pato y se quedó con nosotros, el hombre no, el pato. Ahora está en mi habitación, es de colores y me mira. Hablamos de los viajes de verano, Álex se va a Nueva York en agosto y yo le dije que me iba a Bratislava y a Vienna a finales de Junio y que en agosto Raúl y yo seguramente haríamos un viaje. Yo había mirado Noruega, porque ahora es barato ir desde Alicante y de Valencia a Alicante no cuesta mucho ir así que merece la pena, siempre he querido ir por un libro de Roal Dahl que leía de pequeña asiduamente y porque así seguiré esperando pero lo haré más cerca del círculo polar ártico. Antes de que el autobús me dejara en Ángel Guimerá, donde había quedado con Álex, Raúl y yo estuvimos en mi casa haciendo fotos para un trabajo, también hice una tarta de capa de galleta capa de chocolate capa de galleta capa de chocolate que nos comimos algo más tarde de las siete.
Veníamos del último día de clase, la semana que viene terminamos los exámenes y el Viernes será la fiesta de mi escuela. Un salto en el tiempo no me vendría mal.

lunes, 1 de junio de 2009

Me he quedado en casa para hacer trabajos de clase, luego me he duchado y me he puesto la camisa que tiene un cuello realmente precioso.


Me he hecho algunas fotos, todas iguales en realidad como se ve, he escrito y leído. Hoy realmente creo que es un día en el que no me apetece hacer mucho más.




También he metido los cuentos de Beatrix Potter en la maletita que me compré ayer, que ya está limpia y seca, supongo que podría batir el record en colección de maletas, cajas y cestas pero es que son tan bonitas todas.

A pesar de que no me quiera mover más supongo que esta tarde iré a buscar unas cosas para hacerme una libreta bonita y así escribir de una vez todo en la misma.

Domingo 31 de mayo de 2009
A las nueve y siete aproximadamente pasaba el tren, bueno en realidad era el metro. Llegué un poco antes así que me puse a leer y me miré los pies dándome cuenta de que llevaba las zapatillas sucísimas, cosa que de normal no me disgusta aunque siempre depende del calzado.


Bajé en Aragón para ir al rastro. A las diez había quedado con raúl en la puerta, fué bastante puntual a pesar de haberse acostado tarde la noche anterior.








Estuvimos dando vueltas como de costumbre y terminamos comprando cosas muy bonitas. Más tarde fuimos al centro porque teníamos muchas ganas de tomar bolitas chinas de setenta céntimos aunque al final compramos otras porque no había. Nos sentamos en un banco a degustar las incógnitas chinas y sólo me gustó una:


la otra tenía un aspecto rarísimo y no olía a nada, cuando te lo metías en la boca parecía que tenías una masa chiclosa con comida de gato en su interior, aunque si me hubieran dicho que era comida nipona seguro que lo hubiera aceptado con mucho gusto ¡ja!



Fuimos a casa de raúl y de camino me tomé un helado (menudo fin de semana a base de cremas frías) hicimos tiempo esperando el autobús y me lleve a casa los libritos de Beatrix Potter:


un cd de love of lesbian y el "Heima" de sigur ros de raúl. Que veré esta noche con muchas muchas ganas. Estuvimos en el ordenador pensando cosas para los retratos que tenemos que hacer, luego saludé al niño-mano y le hice fotos


entonces le dije a raúl que si era posible representar al niño-mano en su cuerpo y dijo que podía ser, así que cuando llegamos a mi casa lo intentamos tapándonos con un abrigo y nos convertimos en los niño-sincabeza. Creo que con algun intento más conseguiremos ser niños-manos y quedará muy bonito.
Por la noche me puse a cocinar unas recetas que me inventé y el resultado fué bastante bueno, hice una especie de bolitas caseras saladas aunque algunas se convirtieron en trocitos de torta o pizza.




Después mi madre y yo vimos una película que me dejó raúl. Aunque no me gustó mucho...
Jueves 28 de mayo de 2009
A veces pretendo no despertarme, la música entorpece el crecimiento, qué mentiras más grandes se oyen en los sueños. Todo empieza igual, la almohada en el suelo y yo tapada hasta arriba, supongo que intento desaparecer y es imposible, aunque los planetas decían que sólo has de esforzarte ¿o querían decir otra cosa? qué mas da. Adios a esos tiempos en los que nada solía durar mucho y nada solía doler tanto. El caso es que fui a clase, el corto va bien, aunque no quedará perfecto porque no hay tiempo. Cuestiones de organizaciones docentes. A las siete y media quedé con raúl y por fin fuimos a la tienda de segunda mano por la que siempre pasamos con el tranvía y a la que nunca entrábamos. No nos dió tiempo a casi nada porque justo cuando entramos cerraban y sin darse cuenta de nuestra existencia pretendían encerrarnos dentro con ellos (durante unos segundos sólo). Caminamos hasta casa de raúl y subimos a la azotea para hacernos fotos con las camisetas que hicimos en clase de técnica fotográfica (para presentar el trabajo).



La camiseta que hice yo era de un dibujo que le pedí a raúl que me hiciera donde una mano escribe "Invierno contigo" aunque en la foto no se ve muy bien.



Cuando bajamos vi tu número en la pantalla de mi móvil y sonreí, luego fué peor. Bebimos agua fría y cogimos el autobús. Me gusta ir en autobús o en cualquier transporte público en general, pero más con raúl. No sabría explicar por qué así que no haré el esfuerzo ni intentos frustrados. En fnac compré tres libros, uno de ellos era Después del banquete, de Yukio Mishima. Por hacer una compra superior a 20 euros te regalaban un bolso muy bonito así que más o menos entre el precio de los tres libros sumaban la cifra. En la caja la chica nos dijo que sólo era en libros infantiles o juveniles y yo me quedé un poco chafada pero ella reaccionó enseguida diciendo que aún así me lo iba a dar y yo sonreí diciendo gracias y que era muy bonito. Raúl repitió: "sí es que es muy bonito" y la chica le regaló otro a él también. En el bolso pone: "un sillón es más cómodo con un libro"

Eso creo que sucedió sobre las nueve y cuarto de la noche así que nos fuimos hacia Pont de Fusta. Raúl cogía el tranvía y yo había quedado con Be en su portal, nos la cruzamos al llegar y ahí nos despedimos. Be y yo cenamos en la creperia del autobús, no se llama así pero por dentro hay una parte que parece que estés en un autobús aunque nosotras cenamos en la terraza. Comimos crepes y bebimos sidra dulce. Hacía tiempo que no estábamos las dos solas y me alegré. Ella dibujó en el mantel y luego nos fuimos a casa a ver una película, en la que, como es tradición me quedé dormida. Yo creo que debe ser cosa de su sillón rojo ¡porque nunca me suelo dormir viendo cine aunque sea de noche! Por la mañana me desperté un poco antes que ella, desayunamos tostadas con tomate natural, aceite y sal. Luego me fui a clase de audiovisuales. Pensé por el camino que cuando se vaya en agosto la echaré de menos. Y ya voy a comprar los billetes para hacerle visitas.

El viernes fue un desastre emocional así que prefiero guardarlo en papel.
El sábado creí entender algo por un momento que luego no entendí el resto del tiempo.
A consecuencia de estos dos días, y entre ellos, acabé con una tarrina de helado yo sola.