jueves, 27 de mayo de 2010



si desapareciera
 todo dejaría de estar mal

sábado, 22 de mayo de 2010


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Estas son algunas de las fotos para Desayuno Fanzine, 
y aquí el enlace para no perderle la pista y saber dónde podéis conseguirlo:


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jueves, 20 de mayo de 2010






A pesar de que no suelo hablar de música en ninguna entrada, salvo cuando hago referencia a lo que estoy escuchando en situaciones concretas,
no puedo evitar nombrar a Wild Nothing. Me tiene totalmente atrapada.
Y que decir de las portadas que utiliza siempre, son una delicia.

jueves, 6 de mayo de 2010

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Tenía toda la tristeza del mundo metida dentro del pijama

martes, 20 de abril de 2010


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            Malmö (Sweden)

          part II


martes, 13 de abril de 2010


"Nunca seríamos unos extraños el uno para el otro y nada sería más fuerte que esa alianza; pero no tenía que degenerar ni en obligación ni en costumbre: debíamos salvaguardarla a cualquier precio de esa podredumbre. Acepté."

Al cabo de un tiempo de separación se encontrarían de nuevo, en cualquier lugar del mundo. A ella no le hacía muy feliz la separación, pero en aquel momento le parecía lo suficientemente lejos como para preocuparse, y su fe en Sartre era tan grande que cuenta: "Si un día me dijera: "Encuentro de aquí a veintidós meses a las 17 horas sobre la Acrópolis", estaba segura de encontrarlo en lo alto de la Acrópolis a las 17 horas exactamente, veintidós meses más tarde." Y añade: " De una manera más general, yo sabía que nunca me causaría ninguna desdicha, a menos que muriera antes que yo."

Hasta el final de sus días todo era narrado al otro de manera exhaustiva, hasta el menor detalle, podría decirse que con auténtica impudicia. Probablemente había algo insano -por decirlo de una manera neutra- en semejante narrativa.
Simone había aceptado el pacto, pero no lo había elegido. Lo había aceptado como hubiera aceptado cualquier cosa que él hubiera propuesto. Quería hacer lo que a él le gustaba que hiciera, mirar las cosas con sus ojos. Tal era la admiración que sentía por Sartre, la primera persona en su vida que le parecía superior a ella. No quería decepcionarle. Y con la determinación que tuvo siempre en todo lo que hacía, lo cumplió a rajatabla.

Ahora estamos en Enero de 1947 y Simone llega a Estados Unidos. A finales de Febrero debía ir a Chicago y un conocido neoyorkino, Nelly Benson, le dice que si va a Chicago contacte con Nelson Algren, también escritor. Tenía su número de teléfono y el de una señora mayor. "Para disfrutar de las noches de Chicago, el escritor me pareció preferible", dice Beauvoir. Llama a Algren y tras algunos altercados se encuentran en el lobby del hotel. Simone le dice que está harta de hoteles lujosos como aquél y que le gustaría conocer el Chicago auténtico. Ninguna petición podía satisfacer más a Algren. Dudaba donde llevarla. No hay buen jazz, las boîtes para gente de clase media no tienen más interés que en Nueva York, pero si ella quiere le puede guiar por zonas donde sin duda no tendrá ocasión de aventurarse durante su estancia en América. Puede llevarla a ver los bajos fondos de Chicago que él conoce a la perfección. Simone acepta encantada y así lo cuenta:

"Me conduce por West Madison Avenue, a la que se conoce como la Bowery de Chicago; es aquí donde se encuentran los hoteles para hombres solos -flop houses-, los bares miserables; hace mucho frío, la calzada está casi desierta; sin embargo hay algunos hombres con rostro de náufragos, que se ocultan en la sombra de los portales o que yerran por las aceras heladas. Entramos en un bar que me recuerda al Sammy's Follies: pero no hay espectáculo ni espectadores, ningún turista, salvo yo. Nelson Algren no es un turista; viene aquí a menudo y conoce a todas estas gentes, vagabundos, borrachos, viejas bellezas arruinadas: nadie se volvería si entrara la loca de Chaillot. Al fondo de la sala hay una pequeña orquesta negra; en una pancarta se lee: "Prohibido totalmente bailar", pero hay parejas que bailan. Hay un tipo que camina vacilante y torpemente, como un pato; de pronto se pone a bailar y sus piernas le obedecen; se da vueltas, salta, se eleva alegremente, en los labios una sonrisa estática y maníaca; parece que pasa aquí sus días y sus noches, y todas las noches baila sin parar. En la barra del bar está sentada una mujer de largos cabellos finos y rizados, adornados con una gran diadema roja: tan pronto sus cabellos son rubios y su rostro de muñeca parece el de una muchacha, como su cabeza aparece cubierta de una estopa blanca y es una bruja de más de sesenta años; vacía botellas de cerveza de un litro, una tras otra, hablando sola o dando gritos desafiante; de vez en cuando se levanta y baila levantándose las faldas. Un borracho adormilado en una mesa se despierta, toma del brazo y estrecha a una gruesa comadre vestida de harapos y se ponen a bailar; danzan con una soltura alegre que roza la locura y el éxtasis; tan feos, tan viejos, por un momento están perdidos, son dichosos. Yo me siento aturdida, abro mucho los ojos y digo: "It is beautiful." Este epíteto asombra a Nelson Algren.; le parece muy francés. "Entre nosotros -dice él- lo bello y lo feo, lo grotesco y lo trágico, como también el mal y el bien, se ven cada uno por su lado..."



-. índice onomástico: Beauvoir, S. de, La force des choses, Gallimard, París, 1983 
-La plenitud de la vida, Edhasa, Barcelona, 1984
-Memorias de una joven formal, Edhasa, Barcelona, 1989 
-L'Amerique au jour le jour, Gallimard, Paris, 1994




Hoy mi padre ha venido a hacerme una visita de tres segundos aproximadamente, ¿la razón? tenía un regalo para mi. Un regalo envuelto en papel de regalo, un regalo en condiciones, y mi padre hacía tiempo que no me hacía regalos así, así con cariño. Supongo que mi tragedia le ha tocado la fibra sensible hasta a él. Y ahora gracias a esto estoy devorando literalmente a Beauvoir. Podría pasarme horas en la cama a solas con ella sin necesitar nada más, y sinceramente después de este fin de semana creo que me venía bien descansar y reactivar un poco la mente (debo haber perdido más de una neurona estos dos días) pero estoy mejor. Ya no lloro, bueno, el viernes lloré un poco: estaba explicándole a (Z) quien era Carmen Sandiego, mientras me sorprendía de que no la hubiera visto de pequeña llegó tu mensaje, se me hizo un nudo en el estómago y me cayó una lágrima, pero prometo que una sólo. Ya no siento angustia, sólo decepción y un sentimiento de frialdad que me asusta. El otro día leí que en los años setenta, tres escritoras portuguesas (Maria Velho da Costa, Maria Isabel Barreno y Maria Teresa Horta) intercambiaron unas cartas que escandalizaron por su sinceridad agresiva y donde en una de ellas se hace una descripción de las ambivalencias de la intensidad, he rescatado un trocito: 

"Sé que te perdí y me hundo, me hundo también dentro de mi carencia absoluta de poder para hacer que me quieras (...) Y así sufro, aparentemente porque te amo, pero en realidad porque pierdo el motivo que alimenta mi pasión, al cual quizá quiera mucho más que a ti. 
Del delirio no me curo, ni tampoco de la ansiosa voluntad de verte."

¿No te parece triste? a mi mucho.


Por otra parte, ir a vivir al país de mi nueva amada ya no depende de mi. La espera me invade.


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Alea Jacta Est
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jueves, 8 de abril de 2010


"adelante Bonaparte"

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 Seré Napoleón por un tiempo 

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miércoles, 7 de abril de 2010




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Me he despertado con un mensaje en el móvil que me avisaba de que una sorpresa estaba esperándome en la puerta. He bajado las escaleras corriendo y he salido muy rápido. Estaba tan atontada aún del despertar que me ha costado un poco darme cuenta de donde se encontraba. (X) me había dejado el desayuno para animarme y me deseaba los buenos días. Además estos días (Y) y (Z) están mucho conmigo. Aún así los momentos en los que me encuentro sola, sobre todo, son demasiado dolorosos y terribles. Mi cabeza ha de desaparecer y la ciudad suicidarse. Sólo me repito una y otra vez que con amigos así debería poder salir de esta lo antes posible.

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martes, 6 de abril de 2010





Les enfants du paradis (Marcel Carné, 1945)






Les tricheurs (Marcel Carné, 1958) 


Dos películas deliciosas donde la banda sonora, en esta concretamente, es perfecta.




jueves, 1 de abril de 2010






El sabor del té verde con arroz (Yasujiro Ozu, 1952)