Escribo desde la mesa de madera que hay en el hostel donde estamos instalados. Álvaro está durmiendo, o hace como que duerme y no me dice nada. Dentro del hostel hay un bar, bueno, el sitio en sí es un bar con habitaciones arriba. Creo que hay un partido de rugby y todos le prestan mucha atención, aquí la gente es bastante fanática por lo que parece. Ayer fue una noche agridulce, parecía una película dirigida por algún seguidor de Lynch ambientada en los años 20 y que podría llevar por nombre "The last days of decadence", igual que se llamaba el sitio donde nos encontrábamos en la fiesta, un buen nombre, a mi parecer. La gente era realmente increíble, las mujeres iban con plumas en la cabeza y trajes de charleston, la edad oscilaba entre los 25 y quizá los 65. Los hombres con traje de color blanco y negro y con sombrero. Había dos japoneses, una pareja exactamente, y por lo que observamos eran los que manejaban todo el cotarro. Daban realmente miedo, aquello parecía una mafia. La gente tenía mucho dinero, eso se notaba. No sé como pudimos terminar ahí, bueno en realidad sí lo sé, y además entramos gratis, fue todo muy surrealista, pero en Londres ya se sabe. Pasaron unas horas desde que entramos hasta que empezó el espectáculo, aquello era de otro mundo, de verdad que sí. Una mujer gigante cantaba, un mimo vestido de payaso era el hazme reír del lugar, se quitaba muy despacio su ropa y se hacía pequeño, cada vez más pequeño, a la vez sonaban risas y voces que salían de alguna grabación, la gente observaba, la gente se creía que estaba en 1920, pero se lo creía de verdad. Fui al baño, y aún me quedaba lo mejor; una mujer vestida del siglo diecinueve o quizá del anterior. Era una estirada, pero era increíble. Después, no sé cuándo exactamente, pero casi al terminarse la fiesta, vino la parte agria y nos fuimos a casa, aunque tardamos mucho y llovía, pero la lluvia me gustaba, la lluvia siempre me gusta, aunque el viento no.
El tiempo es realmente agradable, llevo el pelo enredado y he perdido una lentilla, he ido al supermercado a comprar algo de beber pero no veía absolutamente nada, es bastante complicado no parecer una loca. De todas formas he entrado para ver si conseguía algo, el supermercado de Greenwich (que es donde vivimos) está bastante bien, no es un Tesco de esos gigantes pero es bastante razonable. Me encanta Greenwich, es un pueblo muy agradable. Al final he dado con los refrescos pero no estaban fríos así que he vuelto con las manos vacías. Supongo que parece bastante estúpido estar en un bar y no pedir algo pero es que no me apetece entrar con toda esa gente que grita por el partido, y menos aún hablar.
Aquí hay gente elegante, una chica con tacones y un chico con sombrero, pero nada comparado con anoche. Hoy es Domingo, llevo un corazón en la mano muy pequeño y de color azul, no sé muy bien qué significa, te lo dibujaba una mujer cuando salías del local, pero no recuerdo más. La chica elegante con tacones ha vuelto a pasar por aquí delante, delante de la terraza donde estoy, pero esta vez sin el chico con sombrero, parecía tener prisa.
La gente aquí parece tener prisa siempre.
Ayer durante el día fuimos a Hyde Park a comer, creo que nos metimos en uno de los barrios más caros de la ciudad y no pudimos conseguir comida para hacer nuestro pic-nic así que decidimos ir a Piccadilly y compramos sushi en una tienda donde todo eran productos japoneses, aquello era el paraíso. Compré unos chicles de manzana verde, pero en realidad no eran chicles sino caramelos blandos. También fuimos a por cookies y algo de leche. Volvimos a Hyde Park para comer con las ardillas y tumbarnos (...)
El Jueves fuimos a una exposición y terminamos viendo a Twiggy por casualidad, se ve que estaban inaugurando una sala con sus retratos, fue algo realmente extraño, al principio no nos dimos cuenta ni de que era ella pero al final reaccionamos, todo un icono de los años sesenta no se ve todos los días aunque reacciones tarde.
My love (reading on the train).

el sushi de atún es mi preferido.
Empieza a hacer un poco de calor ahora, ha salido el sol, aunque el aire es frío y me gusta.
Creo que me estoy muriendo de sed y es Domingo, pero eso ya lo he dicho. Hoy es día de rastro, Álvaro ya se ha despertado y hemos ido a comer pollo frito, Londres huele a comida por todas partes, Londres huele a vaca y a curry. Hemos ido al rastro de Greenwich, hay un trozo de periódico enmarcado donde está la noticia de la muerte de Lennon, sale Yoko en la fotografía, es realmente triste, es realmente caro. Quiero un abrigo verde, pero tampoco puedo comprármelo, cuesta ochenta libras, dios, en este rastro no hay nada barato. Está el reloj que marca la fecha y que Raúl y yo miramos en Valencia porque a él siempre le gustaba verlo y que nadie lo comprara, el último día que fuimos ya no estaba, ahora está aquí. Me gustan las coincidencias, pero las coincidencias hoy no se pueden comprar.
El Viernes estuvimos en Candem, parece ser que en Candem también existe el espacio-tiempo, pero eso es otra cosa.
En Greenwich también hay una librería de segunda mano, hay libros por todas partes, incluso por el suelo. Compramos uno del impresionismo, otro de Shakespeare y alguno más que tiene Álvaro y que yo no recuerdo. Al lado de la librería había una tienda, la tienda más delicada y bonita que he visto nunca. Había un plato precioso de un pájaro, pero era caro y no pude comprarlo, me lo hubiese llevado todo; las tazas, las cajas, los platos...pero al final compré una libreta muy bonita con dos fotos de alumnos del St.Georges School de 1915 y con las hojas papel reciclado bastante gruesas, para que la tinta no traspase (...)
y jugar con álvaro a un pulso chino aunque pierda la mayoría de veces.