sábado, 26 de septiembre de 2009

y ahora siento que pierdo el control sobre todo lo que creía mío...


(el video está grabado en casa cuando puse a marlene dietrich y a cary grant para hacerme compañía)

martes, 22 de septiembre de 2009

Escribo desde la mesa de madera que hay en el hostel donde estamos instalados. Álvaro está durmiendo, o hace como que duerme y no me dice nada. Dentro del hostel hay un bar, bueno, el sitio en sí es un bar con habitaciones arriba. Creo que hay un partido de rugby y todos le prestan mucha atención, aquí la gente es bastante fanática por lo que parece. Ayer fue una noche agridulce, parecía una película dirigida por algún seguidor de Lynch ambientada en los años 20 y que podría llevar por nombre "The last days of decadence", igual que se llamaba el sitio donde nos encontrábamos en la fiesta, un buen nombre, a mi parecer. La gente era realmente increíble, las mujeres iban con plumas en la cabeza y trajes de charleston, la edad oscilaba entre los 25 y quizá los 65. Los hombres con traje de color blanco y negro y con sombrero. Había dos japoneses, una pareja exactamente, y por lo que observamos eran los que manejaban todo el cotarro. Daban realmente miedo, aquello parecía una mafia. La gente tenía mucho dinero, eso se notaba. No sé como pudimos terminar ahí, bueno en realidad sí lo sé, y además entramos gratis, fue todo muy surrealista, pero en Londres ya se sabe. Pasaron unas horas desde que entramos hasta que empezó el espectáculo, aquello era de otro mundo, de verdad que sí. Una mujer gigante cantaba, un mimo vestido de payaso era el hazme reír del lugar, se quitaba muy despacio su ropa y se hacía pequeño, cada vez más pequeño, a la vez sonaban risas y voces que salían de alguna grabación, la gente observaba, la gente se creía que estaba en 1920, pero se lo creía de verdad. Fui al baño, y aún me quedaba lo mejor; una mujer vestida del siglo diecinueve o quizá del anterior. Era una estirada, pero era increíble. Después, no sé cuándo exactamente, pero casi al terminarse la fiesta, vino la parte agria y nos fuimos a casa, aunque tardamos mucho y llovía, pero la lluvia me gustaba, la lluvia siempre me gusta, aunque el viento no.

El tiempo es realmente agradable, llevo el pelo enredado y he perdido una lentilla, he ido al supermercado a comprar algo de beber pero no veía absolutamente nada, es bastante complicado no parecer una loca. De todas formas he entrado para ver si conseguía algo, el supermercado de Greenwich (que es donde vivimos) está bastante bien, no es un Tesco de esos gigantes pero es bastante razonable. Me encanta Greenwich, es un pueblo muy agradable. Al final he dado con los refrescos pero no estaban fríos así que he vuelto con las manos vacías. Supongo que parece bastante estúpido estar en un bar y no pedir algo pero es que no me apetece entrar con toda esa gente que grita por el partido, y menos aún hablar.
Aquí hay gente elegante, una chica con tacones y un chico con sombrero, pero nada comparado con anoche. Hoy es Domingo, llevo un corazón en la mano muy pequeño y de color azul, no sé muy bien qué significa, te lo dibujaba una mujer cuando salías del local, pero no recuerdo más. La chica elegante con tacones ha vuelto a pasar por aquí delante, delante de la terraza donde estoy, pero esta vez sin el chico con sombrero, parecía tener prisa.
La gente aquí parece tener prisa siempre.

Ayer durante el día fuimos a Hyde Park a comer, creo que nos metimos en uno de los barrios más caros de la ciudad y no pudimos conseguir comida para hacer nuestro pic-nic así que decidimos ir a Piccadilly y compramos sushi en una tienda donde todo eran productos japoneses, aquello era el paraíso. Compré unos chicles de manzana verde, pero en realidad no eran chicles sino caramelos blandos. También fuimos a por cookies y algo de leche. Volvimos a Hyde Park para comer con las ardillas y tumbarnos (...)
El Jueves fuimos a una exposición y terminamos viendo a Twiggy por casualidad, se ve que estaban inaugurando una sala con sus retratos, fue algo realmente extraño, al principio no nos dimos cuenta ni de que era ella pero al final reaccionamos, todo un icono de los años sesenta no se ve todos los días aunque reacciones tarde.

My love (reading on the train).
el sushi de atún es mi preferido.

Empieza a hacer un poco de calor ahora, ha salido el sol, aunque el aire es frío y me gusta.
Creo que me estoy muriendo de sed y es Domingo, pero eso ya lo he dicho. Hoy es día de rastro, Álvaro ya se ha despertado y hemos ido a comer pollo frito, Londres huele a comida por todas partes, Londres huele a vaca y a curry. Hemos ido al rastro de Greenwich, hay un trozo de periódico enmarcado donde está la noticia de la muerte de Lennon, sale Yoko en la fotografía, es realmente triste, es realmente caro. Quiero un abrigo verde, pero tampoco puedo comprármelo, cuesta ochenta libras, dios, en este rastro no hay nada barato. Está el reloj que marca la fecha y que Raúl y yo miramos en Valencia porque a él siempre le gustaba verlo y que nadie lo comprara, el último día que fuimos ya no estaba, ahora está aquí. Me gustan las coincidencias, pero las coincidencias hoy no se pueden comprar.
El Viernes estuvimos en Candem, parece ser que en Candem también existe el espacio-tiempo, pero eso es otra cosa.
En Greenwich también hay una librería de segunda mano, hay libros por todas partes, incluso por el suelo. Compramos uno del impresionismo, otro de Shakespeare y alguno más que tiene Álvaro y que yo no recuerdo. Al lado de la librería había una tienda, la tienda más delicada y bonita que he visto nunca. Había un plato precioso de un pájaro, pero era caro y no pude comprarlo, me lo hubiese llevado todo; las tazas, las cajas, los platos...pero al final compré una libreta muy bonita con dos fotos de alumnos del St.Georges School de 1915 y con las hojas papel reciclado bastante gruesas, para que la tinta no traspase (...)

                                    
me encantan las cookies,


   y jugar con álvaro a un pulso chino aunque pierda la mayoría de veces.




martes, 15 de septiembre de 2009

Cuando era pequeña y me enfadaba con las niñas de mi clase me decían que tenía las palas separadas como las mentirosas. Yo jamás le había dado importancia al hecho de tenerlas así, de hecho no empecé a sonreírle al espejo hasta el momento. Recuerdo que mi madre me recogió del colegio y en el coche ya iba abstraída pensando en aquel comentario, pero no dije nada. Cuando subimos al ascensor me miré y abrí levemente la boca, mi madre se quedó mirando y le dije que me habían dicho que tener las palas separadas era de mentirosas; le pregunté qué tenía que ver aquello con mentir o no hacerlo, realmente por pequeña que fuera yo lo veía un dicho completamente estúpido. Creo que mi madre no me supo responder y obvió mi curiosidad con algún comentario agradable. Supongo que todo son etapas y volví a olvidarme de ellas para acto seguido empezar a quererles un poco; fui consciente de que había alguien que ni se daba cuenta o de que también le gustaban, Raúl, por ejemplo, quien me hizo el otro día las fotos tan bonitas de ahí arriba.

jueves, 10 de septiembre de 2009


No debería dormir con la ventana entre abierta porque las consecuencias son despertarme con mucho frío a lo largo de la noche, sé que no puedo dejar de repetirlo pero es que estoy entusiasmada con el cambio de estación desde hace días, aunque yo creo que la gente no lo nota tanto pero es que yo vivo cerca del bosque, y en el bosque ya se sabe. Uno de los inconvenientes de esto es que la alergia me está destrozando por momentos, debo haber estornudado once veces seguidas y quizá alguna más pero he dejado de contar. Me lloran los ojos y me pica la nariz, Romi me mira asustado y sin comprender nada desde la cama, luego si escucha algún ruido gira disimuladamente la cabeza hacia la ventana pero enseguida me vuelve a mirar. Ahora, en cuanto me calme un poco, me vestiré y nos iremos a dar un paseo. Quiero hacerle fotos a la terraza de la que hablé ayer que aún no sé cómo se llama. Mientras, voy a poner aquel disco de Belle & Sebastian que tanto me gusta.

Ya han pasado algunas horas...

Aii que rabia, acabo de llegar, no he podido hacer ninguna foto bonita porque la gente había ocupado prácticamente todo el espacio y no me gustaban, es lógico porque ya eran las doce menos veinte, tendré que ir más pronto como el otro día que sólo había un hombre sentado tomando café y leyendo. Cuando iba de camino me ha parecido ver a la mujer que tiene el brazo escayolado desde hace ya tres años, lo sé porque me lo dijo un día el chico que vive a quince minutos andando de mi casa y que toca la guitarra. También tiene un vecino que cuando habla se esconde y siempre tira la basura y ayuda a sus padres, me dijo que era un chico muy trabajador, pero a él no le he visto. Luego he pasado por un parque que hay, pero este no tiene nada que ver con mi parque (que es el de la Eliana). Echo de menos ver a los patos por el césped, todos en fila detrás de la madre; ahora el único pato que tengo cerca es el de hojalata, y quien me lo "regaló" pasó hace tiempo a ser persona non-grata.

(foto por raúl)

miércoles, 9 de septiembre de 2009

Domingo, día de rastro (no recuerdo el número) :


Esa mañana estuvimos en el rastro, encontramos unas muñecas que parecían casi niponas, nuestra economía no nos permitió adoptarlas así que simplemente las admiramos durante unos segundos. Regresé a casa después de comer con Raúl, su hermano había cocinado magdalenas de colores, su hermano siempre cocina. Bueno siempre no, pero muchas veces.



Hace días que prefiero quedarme en casa cuando se esconde el sol y despertarme antes de las nueve de la mañana. El tiempo ha cambiado y mejorado notablemente, mejorado en el sentido contrario al que la gente entiende por mejorar, el aire es más frío y ahora salgo a desayunar al jardín con manga larga. El otro día fui a pasear y descubrí que hay un horno con una terraza preciosa cerca de mi casa, mañana iré a desayunar allí con Rome (que está ahora enrollado en mi brazo derecho y por eso estoy escribiendo con la mano izquierda, pero no pasa nada porque nací ambidiestra). Me encanta hacer cosas por las mañanas aunque normalmente las haga sola. Raúl es el único que quiere porque por las tardes trabaja en una tienda de juguetes y le explotan, le explotan demasiado y yo siempre se lo digo. En su tienda venden un acordeón y los huevos de chocolate de las tortugas ninja que tanto me gustaban y que dejaron de vender, aunque me ha dicho Raúl que eso era al principio y que en su tienda ya no quedan o están en mal estado. Hoy hemos ido a recoger unas fotos, yo había dejado el carrete que había hecho con la cámara Rusa que me trajo Álvaro de los Balcanes y me he alegrado mucho porque funciona a la perfección y saca unos tonos más que bonitos (dios, mis expresiones son cada vez más pobres). Raúl ha recogido dos carretes más. Cuando las hemos visto todas me he dado cuenta de que eran, posiblemente, las fotografías de nuestros últimos días de verano aunque no me he puesto nada triste porque tanto él como yo tenemos unas ganas increíbles de que empiecen las clases y la lluvia.

lunes, 7 de septiembre de 2009




¿Quién es Mademoiselle Blanche? Entre nosotros se asegura que es una francesa distinguida que tiene madre y una inmensa fortuna. Se sabe también que es pariente de nuestro marqués, pero muy lejana, algo así como prima en tercer grado. Dicen que hasta mi viaje a París el francés y mademoiselle Blanche se trataban mucho más cumplido, eran más finos y delicados entre sí; ahora, en cambio, su amistad y parentesco parecen resaltar más, como si sus relaciones fueran más estrechas. (...)


Hoy ha sido un día ridículo, indecoroso, estúpido. Ahora son las once de la noche. Estoy en mi cuchitril y recuerdo. Para empezar, por la mañana, a pesar de todo, tuve que ir a la ruleta para jugar por cuenta de Polina Alexándrovna. Tomé sus ciento sesenta federicos, pero con dos condiciones: primera, que no quería jugar a medias, es decir, que si ganaba, no aceptaría nada para mí; segunda, que por la tarde ella me explicaría por qué le era tan necesario ganar y cuánto dinero necesitaba. (...) Ella prometió darme explicaciones y yo me dirigí a cumplir su deseo. En las salas de juego había unas apreturas horribles. ¡Qué insoletes y que ávidos son todos! Me abrí paso hacia el centro y me coloqué al lado mismo del croupier; luego empecé a probar tímidamente, apostando dos o tres monedas. Mientras tanto, observaba y tomaba nota; me pareció que el cálculo, propiamente significaba muy poco y no tiene en modo alguna la importancia que muchos jugadores le atribuyen...

(El Jugador, Dostoievski)

sábado, 5 de septiembre de 2009

Viernes 4 de septiembre de 2009



(...) perdona si mi letra es un poco mala pero es que estoy en el jardín. Aquí las mañanas siguen siendo soleadas aunque por la noche empieza a refrescar y se agradece mucho*. Anoche Oli y yo cenamos en un vegetariano, ¡he de aprender a hacer las croquetas de soja!
El día veintiocho fui a ver la película de Coixet, como te dije. No me terminó de gustar del todo y me decepcionó un poco, Sergi López no me gustó, en cambio ella es tan preciosa y fría que me encanta. El largometraje es entretenido y bonito pero hubo algo que me falló, por no hablar de que sí que tiene algunas similitudes con aquella maravilla de la Coppola que a ti (si no recuerdo mal) no te parece tan maravilla; lo silenciosa que es o ese amor imposible que nunca llega a resolverse, como en los finales felices que todo el mundo espera para poder volver a sus casas con un poco más de esperanza en sus vidas, son dos claves básicas para que sea más que inevitable no trasladarse por un momento a la comparativa entre ellas.
Ya la verás y me dirás, a Oli le gustó más que a mi, quizá sea de esas películas que si la ves dos veces ya puedes retractarte, o no (...)


*cuando empecé a escribirte la carta lo hice con una pluma y tinta azul, me di cuenta de que no me gustaba como quedaba al terminarla así que decidí cambiarla por la que recibirás muy pronto, debido a eso notarás que el trocito de aquí y el que corresponde al de la carta que tendrás en tus manos varía un poco, por el paso del tiempo y el cambio de temperaturas.
Ya he terminado tu sobre, está todo hecho a mano así que espero que te guste.

martes, 1 de septiembre de 2009


Los pasos se alejaron por el tren.
Lo primero de todo, apenas llegue, me tomaré una cerveza y un sandwich rancio, decidió. Me los llevaré a una mesa, en un rincón, sacudiré las migas con mi sombrero, y apoyaré mi libro contra el salero. Debo estudiar bien los detalles al principio. El resto debe venir por accidente. Estaré sentado allí antes de medio día, fresco y sereno (...) fingiendo leer y espiando con el rabillo del ojo a la gente que espera, a la gente inquieta, bebiendo sola junto al mostrador. Las otras mesas estarán llenas. Habrá mujeres llamando sin moverse, por encima de sus cafés helados; y hombres viejos y anónimos temblorosos sobre sus tazas de té; hombres silenciosos aguardando a nadie, de trenes que esperaron ansiosamente horas y horas; mujeres que han venido dispuestas a huir, a tomar un tren a St. Ives o a Liverpool o a cualquier parte, pero que saben que nunca tomarán ninguno y beben tazas de té y se dicen: "podría tomar el de las doce, pero esperaré al de las doce y cuarto" (...)

He abierto dos veces al azar uno de los libros que me compré el domingo en el rastro con Raúl y las dos veces ha salido el número veintitrés donde se encuentra ese fragmento tan bonito de Dylan Thomas, de quien Álvaro siempre me cuenta que Bob Dylan se puso ese nombre por él, aunque igual sólo me lo ha contado dos veces pero es que me gusta mucho esa historia.
Faltan exactamente diecisiete días para que vayamos a Londres y nos bebamos una cerveza y comamos algún sandwich rancio. Hasta el momento he pasado los peores días del verano por no haber hecho nada de lo que tenía que hacer para esta semana, y es que el proyecto va a ser un desastre y lo único medianamente decente y bonito que he hecho ha sido el libro para presentarlo y aún así aún le falta algún detalle. Y en mi tele ahora siempre se ve a Jules y a Jim y también a Catherine, que es igual que Carmina la abue de Be o quizá Carmina sea igual que Jeanne Moreau de joven, corriendo hacia delante, porque ellos en la película nunca corrían hacia atrás.







lunes, 24 de agosto de 2009



Ya no duermo por las noches y me despierto tarde. Hoy he soñado contigo, el Viernes vi "los amantes del Pont-Neuf" es del mismo director que la de "Chico conoce Chica" (Leos Carax) que alguna vez te comenté pero que nunca llegué a dejarte y no sé por qué pero pienso enviártela por correo para que la tengas ahí contigo o te la llevaré cuando nos veamos aunque te la bajes antes si lo haces. El caso es que la de los amantes del pont-neuf también me gustó muchísimo, aún no había tenido ocasión de verla aunque me compré el especial de la cahiers du cinéma francesa del año 90, por lo menos, que ves ahí arriba, no entendía la mitad y me costó su trabajo descifrar la mayoría de cosas pero era tan bonita que no pude resistirme, me la compré en la librería aquella que te conté, Valdeska, donde compré también lo de Warhol que te di un día. Pues bien, ahora que ya he visto la película no me ha decepcionado nada, es realmente bonita. En ella Michelle, Juliette Binoche, decía que cada vez que soñamos con alguien deberíamos llamarle al día siguiente y decirle "hola, hoy he soñado contigo" supongo que esto es lo que pretendo hacer. 
Te llamaba por teléfono y te contaba todo lo que me ha pasado durante estos días y tú te reías de mi por las tonterías que me pasaban y luego no te reías por las no tonterías que me pasaban. Lo más curioso es que todo lo que te decía es lo que te quiero contar cuando estoy despierta, y estoy segura de que hemos estado juntas esta noche porque te oía muy cerca y lo mejor de soñar esto no ha sido escuchar tu voz otra vez, lo mejor ha sido que te he encontrado y por un momento veíamos mucha nieve, estábamos sentadas al borde de una especie de plataforma que podría ser una azotea de algún edificio perdido y cuando mirábamos abajo estábamos tan cerca del suelo que veíamos todo blanco y nuestros pies colgando tocaban el frío. La mayoría de veces que sueño contigo andamos por las alturas y es realmente bonito. Hablábamos como si estuviéramos a miles de kilómetros pero en realidad si me giraba estabas a veinte centímetros. Después te preguntaba que si ibas en trineo por las calles porque en ese momento estaba viendo muchos juntos aparcados como si fueran bicis y tú contestabas que sí y que tenía que ir para probarlo porque era muy divertido. Todo ha sido tan raro. Luego me he despertado y estaba rodeada de blanco, he sonreído pero me he dado cuenta de que era mi cama y no la nieve y de que no podía llamarte. Escríbeme pronto Be.