lunes, 25 de octubre de 2010


"Fue cuando aprendí que las palabras no sirven para nada; que las palabras no se corresponden ni siquiera con lo que tratan de decir. (...) Comprendí que el miedo fue inventado por alguien que nunca había sentido el miedo; y el orgullo, por quien nunca había tenido orgullo. Comprendí que había sido eso, no que tuvieran las narices sucias, sino que nos habíamos tenido que usar unos a otros por medio de las palabras como arañas que se cuelgan por la boca de una viga, se balancean y retuercen sin tocarse nunca, y que sólo por medio de la vara mi sangre podía mezclarse con la suya en una sola corriente. Comprendí que había sido eso, no que mi soledad hubiese tenido que ser violada una y otra vez cada día, sino que nunca había sido violada hasta que llegó Cash. Ni siquiera de noche por Anse. También él tenía una palabra, Amor lo llamaba. Pero yo llevaba mucho tiempo acostumbrada a las palabras. Sabía que esa palabra era como las demás: sólo una forma de llenar una carencia; que cuando llegase el momento preciso uno no necesitaría una palabra para llamarlo, como no la necesitaba para el miedo o el orgullo. Cash no necesitaba decírmela ni yo a él, y yo decía: que la use Anse si quiere. Conque era lo mismo Anse o amor que amor o Anse: no importaba."

Mientras agonizo (William Faulkner)

jueves, 14 de octubre de 2010


"(...) No quiero hacer romanticismo barato, no quiero hablar de estados alterados, pero es evidente que ese hecho de ponerse a caminar por una ciudad como París durante la noche, que ese estado ambulatorio en el que, en un momento dado, dejamos de pertenecer al mundo ordinario, me sitúa con respecto a la ciudad en una relación que a los surrealistas les gustaba llamar "privilegiada". Es decir que, en ese preciso momento, se producen el pasaje, el puente, las ósmosis, los signos, los descubrimientos. Y todo esto es lo que generó, en gran parte, lo que yo he escrito en forma de novelas o de relatos. Caminar por París - y por eso califico a París como ciudad mítica - caminar por París significa avanzar hacia mi. Pero es imposible decirlo con palabras. Es decir que, en ese estado, en el que avanzo como un poco perdido, como en una distracción que me hace observar los afiches, los carteles de los bares, la gente que pasa y establecer todo el tiempo relaciones que componen frases, fragmentos de pensamiento, de sentimientos. Todo eso crea un sistema de constelaciones mentales y, sobre todo, de constelaciones sentimentales que determinan un lenguaje que no puedo explicar con palabras. En ese momento aparecen, lugares que siempre fueron privilegiados para mi. Puedo citar uno, el primero que me viene a la memoria. Allí, muy cerca de aquí, en el Pont Neuf, al lado de la estatua de Enrique IV hay un farol en el fondo, allí donde se baja para tomar el "Bateau-Mouche". A la noche, a medianoche, cuando no hay nadie, ese rincón solitario es para mi, definitivamente, un cuadro de Paul Delvaux. Tiene esa sensación de misterio que tienen los cuadros de Paul Delvaux, esa inminencia de una cosa que puede aparecer, que puede manifestarse, y que a uno le coloca en una situación que ya no tiene nada que ver con las categorías lógicas y los acontecimientos ordinarios."

(Cortázar)

martes, 12 de octubre de 2010

lunes, 11 de octubre de 2010











LeWitt
1. form derrived from a Cube, 1981
2. variations of incomplete open Cubes,1974
3. the location of a circle, 1974
4. three squares, 1966

viernes, 8 de octubre de 2010

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Ya hace casi un mes que vivo aquí y que no escribo. Me prometí a mi misma que en cuanto llegara a este país actualizaría mucho más, pero siempre me hago promesas que nunca cumplo, como salir a correr o convertirme en pelirroja. 
He asistido oficialmente y por primera vez a la Escuela, está al lado de Notre Dame, bueno en realidad lo que hay al lado es un museo de Bellas Artes y al lado de éste la catedral. Siempre que voy caminando me quedo mirándola asombrada, es realmente bonita. He ido a la presentación y no he entendido la mitad de lo que decían. Entre que a veces hablan rápido y que dos profesores no saben vocalizar es realmente complicado entenderlo todo, además me distraía con facilidad observando a mis futuros compañeros. Una chica con pelo corto y una flor en la cabeza llama mi atención, sólo le puedo ver la nuca y, pienso que la tiene muy arañable. Al lado suyo hay un chico moreno con chaqueta verde, le he visto en la entrada antes, ahora sólo veo su espalda. Cuando termina la presentación salimos y empezamos a hablar con la gente. Casualmente la chica de la nuca arañable y la flor sabe hablar castellano porque estuvo viviendo en Barcelona y nos da su número de teléfono sonriente.
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 "Zoé nos avisó para ir a una fiesta esa misma noche, el supermercado estaba cerrado y ni siquiera pudimos comprar una botella de vino, pero teníamos dos cervezas así que las cogimos para no ir con las manos vacías. Quedamos en la puerta de la Escuela a las diez para ir caminando. Cuando llegamos no había demasiada gente. Estaba el chico de la chaqueta verde (he olvidado por completo su nombre) sentado en un sofá, pero esta vez sin la chaqueta. Intenté relacionarme lo mejor que pude pero era un poco difícil, (mi francés es escaso) y hasta que no apareció Cloé que hablaba inglés no pude formar una frase entera y con sentido. La gente aparecía y desaparecía para luego multiplicarse por tres, se presentaban y se acercaban a hablar, algunos lo hacían en español y por momentos era un alivio. De repente apareció Louis Garrel pero con cuatro años menos, un baguette bajo el brazo, una botella de vino tinto y una mochila llena de copas. Todos bebían vino, yo también aunque algo menos, algunos también bebían cerveza. Parecía la escena de una película pero creo que a mi todo me lo parece."
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"Estamos exactamente en el centro de París, llueve y hace viento. Me gusta el color del cielo y que la gente camine sin prisa, a pesar de que ahora mismo están en tiempo de agitación y que algunos griten por la calle.
Huele a gofres y crepes, Francia entera huele a eso."
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"¡Por fin! He ido al cine por primera vez desde que estoy aquí, echaba ya de menos una sala  a oscuras con imágenes en movimiento y "La Médiathèque" es una delicia de sitio. Es muy parecida a la filmoteca pero tiene una biblioteca gigante en el piso de arriba y muchísimas más cosas. Hacen ciclos de cine y además son gratuitos (...)

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Intento controlar mucho más el dinero cuando voy a comprar pero es inevitable pasar por un horno de aquí y no llevarse nada.

martes, 5 de octubre de 2010

miércoles, 8 de septiembre de 2010


Estoy instalada, tengo internet, hace frío y llueve. La luz es preciosa, pero eso sí, sólo si te gusta el gris. Mi habitación sigue siendo blanca y la cama también, aunque los muebles son de madera y color vino (pero no me importa, si fuera igual que en Valencia tampoco tendría gracia). Las medidas son pequeñas, quizá seis metros cuadrados y el baño alcance uno, pero para estar sola sirve.

El edificio es un poco feo, pero vivo en un noveno piso y las vistas me gustan: a tu izquierda y a lo lejos puedes ver la catedral de Notre Dame, a la derecha hay un campo verde que cuando lo miras entran ganas de tumbarse y rodar por él y no salir de ahí nunca. Cerca hay alguna que otra residencia más y un Intermarché gigante pero a esta altura no molestan, también tengo un jardín con una mesa de ping pong y árboles frondosos. Por la mañana entra mucha luz y es agradable. Sólo he conocido a un chico que se llama de alguna forma que no se escribir y sólo pronunciar porque me ha enseñado a hacerlo. Tampoco me he cruzado con demasiada gente pero hoy ha empezado a llover mientras Raúl y yo veníamos del supermercado y la cafetería de la residencia ha sido invadida por cincuenta personas o más. He podido observar que el ochenta por ciento son franceses, que el diez por ciento son alemanes y que el otro diez restante lo ocupamos una japonesa (que aún no puedo asegurar que lo sea del todo porque no le pude ver pero Raúl sí), algún belga y nosotros dos. Pero en realidad es un porcentaje que no vale porque sólo he contado a los que huían de la lluvia.

Hablo en inglés para que me entiendan pero saludo y digo gracias en francés mientras sonrío para que no me odien. La gente es muy silenciosa, es realmente curioso y a veces da hasta miedo. Hoy en el supermercado mientras paseábamos por los pasillos gigantes llenos de productos de colores estaba todo en silencio y la gente caminaba despacio, era extraño. Si Lynch viniera creo que lo utilizaría como escena. 

En las fotos sale parte de lo que veré cada día por las ventanas y una chica que cruzaba la carretera con un paraguas rojo, creo que era la japonesa.

viernes, 27 de agosto de 2010

Oh my darling, there's a place for us


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viernes, 20 de agosto de 2010

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"No puedes controlar el clima. Sólo puedes reaccionar frente a él o, como mucho, hacer un buen pronóstico para el día siguiente. No puedes controlar la energía, la fatiga o el hambre de un equipo, no puedes tratar de insuflarles energía, alimentarles o guiarles para cuando sean más que la media, pero la rapidez o la lentitud con que se hacen las cosas es tan parte del proceso como los colores son parte del diseño o el encuadre es parte de la construcción de una escena. El cine es una experiencia interactiva, así que el modo que resultan las cosas es una combinación de un buen planteamiento y una adecuada respuesta, de ser lo suficientemente flexible a lo inesperado. Debes saber que las intenciones de una escena, o la idea, o el momento, no están perdidos por un inesperado cambio en el clima o por la ineptitud de un actor para recordar su texto: uno se adapta a lo que es esencial. Puede adoptar una forma distinta (o con un estilo modificado respecto a lo que estaba planeado), pero mientras contenga la misma intención, o idea, o emoción... ese es el estilo de una película."


(Christopher Doyle)

lunes, 16 de agosto de 2010

En la vida, lo esencial es hacer juicios a priori sobre todas las cosas. Es evidente, en efecto, que las maneras se equivocan, y los individuos siempre tienen razón. Pero hay que guardarse de deducir de ello reglas de conducta: éstas no tienen por qué necesitar ser formuladas para que uno las siga. Existen sólo dos cosas: son el amor, en todas sus manifestaciones, con chicas guapas, y la música de Nueva Orleans o la de Duke Ellington. El resto debería desaparecer, porque el resto es feo, y las pocas páginas de demostración que siguen extraen toda su fuerza del hecho de que la historia es completamente verdadera, porque me la he inventado de cabo a rabo.

                                                          (La espuma de los días, Boris Vian)