viernes, 15 de mayo de 2009

Escrito durante la semana en moleskine:

Me quedé profundamente dormida, a las doce subí al autobús para ir a Railowsky a comprar papel fotográfico, no quedaba el paquete de 5o hojas así que tuve que comprar dos de 10 y me regalaron otro de 5 y me conformé con la mitad. Como había quedado a la 1 y media me permití el lujo de ir a París-Valencia con la intención de echar un vistazo, aunque es bien sabido que nunca sé echar sólo un vistazo y que entre tanto libro y tanta oferta variada me pierdo y termino por comprar algo. Entré directamente hacia el pasillo izquierdo donde sabía que debía esperarme Beckett. Sentí el gusanillo de comprarme Molloy, ya que la vez que lo había leído lo tomé prestado de la biblioteca y ya era hora de tener la "trilogía" completa en mi estantería. Pasaron unos minutos mientras lo buscaba y un nombre, que ya hacia tiempo que había dejado a un lado, sonaba en mi cabeza una y otra vez, Amélie Nothomb. Así que me dirigí hacia el mostrador para preguntar dónde se encontraban sus libros y terminé con cinco o seis ejemplares (pero de autores distintos) en las manos y con treinta euros en el monedero (de los cuales tenía que reservar quince para la comida). Mis apetitos eran cada vez más incontrolables y tras una elección bastante reñida, entre mi pesimista preferido, la "preponte" pero adorable Nothomb y un impulso terrorífico de Lovecraft, decidí quedarme con la segunda y retomar la vida de aquella mujer que hacía ya bastantes años había abandonado. Me decanté por "Ni de Eva ni de Adán" pese a la horrible portada, nunca juzgues un libro por su portada y más con los de Nothomb que, a mi parecer, suelen ser algo desacertadas. Pagué los catorce con setenta (creo recordar) y salí de la tienda satisfecha. Aún faltaban veinte minutos aproximadamente para mi cita con Álvaro asi que decidí sentarme en una terraza para empezar a leer aquella maravilla. Cuando noté que alguien se paraba y venía hacia mí interrumpí la lectura y me levanté rápidamente de la silla para emprender el viaje a Japón (¡qué ganas tenía de tomar sushi y arroz con gambas y setas!) el trayecto fue de veinte segundos aproximadamente. Todo un récord para estos tiempos.

Con un poco de papel reciclado de la clase de técnica he recreado una portada para el libro pero no me ha dado tiempo a terminarla.
Hoy por la mañana en el autobús he llegado a la última página y me ha gustado tanto tantísimo que me ha sabido a poco, aunque en realidad me encanta tener esa sensación.